22N: Acto por el Día contra la Violencia Machista

Aunque lleva uno sin demasiadas ganas de muchas cosas (creo que, en parte, debido a las consecuencias mentales de la pandemia a largo plazo después de meses y meses de estrés por mi puesto de trabajo) y con el blog abandonado a su suerte, llegan oportunidades de sentirse feliz y halagado. En este semana han venido dos: la primera la expongo a continuación, a la segunda, relacionada también con el 25N, le dedicaré otra entrada.

Mañana, el Centro de la Mujer «Nueva Aventura» organiza un acto por el Día contra la Violencia Machista. Participarán las mujeres que forman parte del taller de teatro y en la actividad presentaré de nuevo mi novela «Yo, tú… él», un tanto castigada sin querer por el inicio de la pandemia, acompañada de una amiga feminista de las de verdad, Macarena, aunque le cueste que se diga, y a quién haré los coros cuando cante un tema que compuse hace un par de meses sobre la violencia machista: «No es amor».

No se puede estar mejor que rodeado de personas que quieres y que te quieren.

«Ilustres e ignoradas»

Es necesario

Es necesario
revertir el hechizo.

Ese,
que borra a las mujeres
de los libros de historia,
de las esferas de poder,
de las antologías.

Ese,
que las encierra
entre cuatro paredes,
con solo
colocarles un anillo.

–Guisela López–

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Ilustres e ignoradas

Índice

No quiero ser mujer

    Antes de ir al asunto, no vaya a ser que me lluevan piedras, puedo asegurar que el título de esta entrada no tiene que ver con la misoginia ni nada que se le parezca. Más bien al contrario, se debe a una propia limitación mía: la de un ser asocial que si tuviera que estar todo el puñetero día sujeto a las críticas, opiniones y/o aprobaciones de su conducta por parte del resto del mundo (de manera especial del 50% de la población que no es fémina) no iba a sobrevivir a pasado mañana.

    Me explico, con un detalle que puede parecer una memez comparado con el resto de juicios de valor a los que se ven sometidas las mujeres decenas de veces al día, pero que es sintomático de que hagan lo que hagan todo debe de ser regido por el harto conocimiento y las directrices del casto patriarcado.

     La semana pasada a una mujer de la residencia (secundada inmediatamente después por su marido y compañeros de mesa) se le ocurrió decirle a una compañera de trabajo que no tenía respeto ni educación por su forma de vestir, inapropiada y a todas luces corta para desempeñar la función que debía desempeñar. Que me disculpe quien tenga interés, pero no voy a perder un segundo de mi tiempo explicando ni en lo más mínimo cómo iba vestida, que a todo el mundo debería de importarle un carajo, aspecto que quedará cristalino en el contexto contrario al que haremos referencia en la segunda parte de este escrito. La pareja de marras y sus compañeros de mesa tienen entre 85 y 90 años y no vamos a pedirle peras al olmo, pero al día siguiente por la mañana, recibo un correo de una de sus hijas pidiendo explicaciones de lo que había sucedido (poniendo adjetivos incluso más reaccionarios como «el debido decoro») y que esperaba que no se volviera a repetir. Tampoco voy a abusar de vuestro tiempo compartiendo cordialmente lo que le contesté a esta señora, de mi misma edad, y cómo le indiqué, también con infinita y paciente cordialidad, dónde podía meterse sus opiniones sobre el vestuario de las compañeras de trabajo. Sigue leyendo

«Proscritas: cinco escritoras que cambiaron el mundo» (2020)

        Según el estudio recientemente elaborado por el medio Newtral, dentro de las cinco asignaturas de 2ª de Bachillerato en las que figuran nombres y apellidos de autores o autoras y que se deben de estudiar para la EBAU (la nueva prueba de acceso a la Universidad), menos de un 5% corresponden a mujeres. Realmente, de las cinco asignaturas, solo aparecen mujeres en una: Fundamentos del Arte II, mientras en el resto el porcentaje es cero patatero: Historia de la filosofía, Historia del Arte, Historia de España y Cultura Audiovisual. De 419 personas, solo 20 son féminas. Podríamos ponernos a debatir sobre las cuestiones esas en las que entran quienes opinan que eso se debe simplemente a la importancia de los personajes históricos o entran a evaluar, con escasa capacidad de análisis o cuáles podrían ser los motivos, que es que siempre ha habido menos mujeres en todos los campos. En realidad, que determinadas mujeres no sean ni nombradas en esas asignaturas se debe a la ignorancia y la falta de rigor, que debería de ser peor para las personas, supuestas elabora los currículos de Bachillerato al ser mero hecho objetivo, que la acusación –cierta también en el trasfondo de la cuestión– , del filtro machista y patriarcal por el que estudiaron, estudian y hacen estudiar con dicho sesgo. Con dos ejemplos a lo mejor me hago entender mejor: Alice Guy fue pionera en el cine, de hecho se convirtió en la primera persona en realizar una película de ficción y que pudo vivir del cine; a día de hoy, prácticamente sigue sin aparecer en los libros de historia del séptimo arte, como tampoco lo hace en el temario de Cultura Audiovisual II de 2ª de Bachillerato. Lo mismo podemos decir de Susan Kare, una de las más importantes diseñadoras gráficas de empresas como Apple o Microsoft e iniciadora del Pixel Art, fundamental en redes sociales y publicidad; tampoco aparece, claro.

    ¿Y a qué viene esta introducción sobre un ensayo biográfico de escritoras proscritas que vivieron en el siglo XIX y principios del XX? Porque podría ser que caigamos en la tentación de pensar que estas cosas, a Dios gracias, ya no pasan, que qué penita lo mal que lo pasaron Mary Shelley, Emile Brontë, George Elliot, Olive Schreiner y Virginia Woolf –entre otras muchas– por la época en la que les tocó vivir. Solo existe un aspecto claro en el que se ha avanzado, y no quizá porque no se sienta esa discriminación, sino, más bien por el cambio de mentalidad de las propias mujeres: todas las autoras que aparecen en el ensayo excepto Virginia Woolf se vieron impelidas a publicar sus novelas de manera anónima o bajo seudónimo masculino para que vieran la luz. Sí, tanto Frankenstein como Cumbres Borrascosas se editaron por primera vez bajo autor desconocido y el público dio por hecho que habían sido escritas por varones. De hecho, cuando varios años después se dio a conocer a las escritoras fueron criticadas duramente porque lo que se exponía, y cómo se exponía, no estaba bien visto en una dama. Tanto Mary Ann Evan como Olive Schreiner lo hicieron bajo seudónimo: la primera de por vida con el nombre de George Eliot; la segunda, en su primera novela, Historia de una granja africana, con el de Ralph Iron. El caso de Virginia Woolf es totalmente distinto, tanto por el círculo de amistades como porque ella y su marido Leonard fundaron una editorial propia en 1917, Hogarth Press, donde publicó toda se obra a excepción de su primera novela: Fin de viaje (1915), que lo hizo un la de su hermano paterno Gerald Duckworth. Sigue leyendo