Prohibir la solidaridad

Pegatina contra el desalojo del Rey Heredia

Pegatina contra el desalojo del Rey Heredia

Entra en la oficina con un bebé que duerme plácido y común en un cochecito de segunda o tercera mano. Se sienta frente nuestra, coloca el carrito a su lado y lo mece suavemente asiéndolo por la barra horizontal tras escuchar un leve gemido de su nieto. Paqui es de los pobres responsables y generosos. Sólo se presenta en la puerta de Cáritas cuando la vida ya no le da para más; siempre delicada, razonable y razonadora en una extraña conjunción holística en personas sometidas en exceso a la debacle emocional.
– Hola, Paqui, sentimos verte por aquí otra vez. Te veo más apagada… -le digo envuelto en sinceridad.
El equilibrio suele ser por norma general otra de las virtudes asociadas a esta mujer bajita, de cara rubicunda, pecas menudas en el rostro y pelo alborotado teñido de rubio. Algo bien merecedor en sí mismo de una generosa consideración habida cuenta de que en su domicilio no entra el más mínimo ingreso desde hace años y que sufre la terrible desgracia de vivir sola, lo que significa que su situación lastrada no es prioritaria para nadie a pesar de tener a su cargo a su hija y su nieto. Paqui parece no querer romper la imagen de dignidad asumida que la precede desde tiempos remotos y narra sus días como quien lee un código de barras.
Tiene depresión desde hace varios meses, ganas de morirse y está en tratamiento. Apenas se echa algo a la boca en los últimos días, pero le avergüenza volver a ir al comedor de Trinitarios donde buena parte de las personas que asisten tienen una peculiar manera de comportarse, por ser fino, y están en númerus clausus.
– ¿Y por qué no vas al Rey Heredia? Han abierto un comedor social y dan de comer a todo el mundo mientras haya olla.
Paqui mira a mi compañero con cara de no saber ni de lo que habla.
– ¿El Rey Heredia? ¿Qué es eso y dónde está?
– Es un centro social y cultural que han creado unos vecinos justo detrás de la Torre de la Calahorra -respondo como quien ha inventado la rueda-. Lo verás en cuanto te pases por allí. Hay pancartas en la puerta y demás. Está en un antiguo colegio que cerró el ayuntamiento y lleva meses sin actividad de ningún tipo y sin interés por su parte de volver a usarlo en beneficio de la zona, por lo que los vecinos lo han ocupado y han pedido que se lo cedan.
Paqui mira a su nieto. Da las gracias, dice que se pasará seguro en esta semana y llora, a pesar de su denodado interés por mantener incólume su imagen de guerrero universal sin derecho a la emoción.

Decía Gandhi aquello de que lo peor de la gente mala es el silencio de la gente buena, y lo afirmo con rotundidad, mas existe algo si no peor al menos igualmente deleznable y que más daño otorga: lo peor de la gente mala es impedir a la gente buena que realice las bondades que ellos se niegan a realizar. Será temor a quedar en entredicho, a perder argumentos… a mirarse delante del espejo y echarle la culpa a él de lo feo que es uno por dentro.
El alcalde de Córdoba, generoso donde los haya, solicitó al juez orden de desalojo para las personas que, con el apoyo de Acampada Dignidad, ocupaban el centro Rey Heredia. Digo el alcalde porque la decisión fue unilateral, no pasó ni por Pleno, ni por ningún despacho del consistorio. Una orden directa al abogado sorteando cualquier posible oposición y necesidad de enfrentarse a las incongruencias y lanzado una serie de acusaciones que parecen más de patio de colegio que de un representante político. El Ayuntamiento ha recortado las ayudas y recursos sociales de tal manera y con tamaña falta de conciencia que, por ejemplo, en seis meses las trabajadoras sociales ya no disponían de fondos para tramitar ayudas de emergencia. Eso sí, ya que no cuento con recursos colaboro en dar noticias de los que ofrecen otros como si de mí dependieran y editan una guía de entidades privadas de reparto de alimentos aunque la mayor parte de esos organismos, Cáritas Parroquiales, no les hayan dado permiso para estar incluidos por no estar de acuerdo con las políticas sociales de estos trápalas. Ni qué decir tiene que en la capital no existe un comedor municipal y que tan solo entidades privadas ofertan ese recurso como pueden o salen por la noche a repartir bocadillos o una sopa caliente a los sin techo.
El centro social Rey Heredia da de comer a unas 100 familias al día, tiene huerto social, biblioteca, clases de apoyo, talleres de muy diversa índole…
Gracias a Dios la justicia a veces no es ciega y la Audiencia Provincial ha estimado el recurso presentado por el vecindario y Acampada Dignidad paralizando el desahucio hasta que se decida abrir vista oral o archivar definitivamente la denuncia. Hasta un informe de la Policía Nacional avalaba, no sólo que las instalaciones no habían sufrido deterioro, sino que estaban en mejores condiciones que antes de la ocupación.

Paqui regresó a la oficina a las dos o tres semanas. Lleva comiendo desde entonces en el Centro social, y su depresión tiene época de vacas flacas, no gracias a la medicación ni al Ayuntamiento. Es voluntaria del Rey Heredia, y va varios días a la semana a colaborar con el centro social. La solidaridad no se puede legalizar ni prohibir. El Rey Heredia no se cierra.

Licencia Creative Commons Prohibir la solidaridad por Rafa Poverello se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

Quejarse sale gratis

angry by zalas

angry by zalas

Quejarse es gratis. Tanto es así que raro se hace que en cualquier conversación intrascendente no levante la voz el tertuliano de turno lanzando improperios sobre los políticos, la sanidad, le educación, el desempleo… el Tata Martino.
El caso es que si tuviera el ser humano que pagar un euro por cada protesta seca que comparte -como diseñaran con gran efecto disuasorio las madres diabólicas cuando soltabas una palabrota a destajo- lo mismo se le otorgaba un valor más excelso del mero impulso liberador. No abogo a que no se proteste y agachemos las orejas como el cachorrillo que ha sido sorprendido miccionando en mitad del salón, sino a asumir la responsabilidad y la implicación que conlleva el hacerlo, porque sino siempre será gratis, sólo gratis y eso no cambia nada.

Como yo formaba parte de la manifestación del Primero de Mayo soy de los que opinan que fueron miles de personas y no voy a hacer un estudio de campo con el objetivo inútil -y que, por otra parte, ya cumplen otros- de revertir los datos. Pero lo que fue claro es que flanqueando la protesta, a izquierda y derecha como sendas hileras de árboles, cientos de personas aguardaban el paso de las carrozas de La Batalla de las Flores que daba el pistoletazo de salida al Mayo Cordobés, sin exhalar la más leve consigna contra el sistema, los políticos, la sanidad, la educación o el desempleo… Sonrientes en una mañana diáfana de primavera esperaban el “Pan y circo” de Juvenal, metódicamente auspiciado por el Ayuntamiento quien, mezclando churras con merinas, atrasaba por segundo año consecutivo dicha ceremonia para hacerla coincidir con el Día del Trabajo y mitigar sus efectos devastadores.

Habida cuenta de que dentro de mi siempre humanamente limitada red social no conozco a nadie que no se queje ante determinados temas (sobre todo del Tata Martino, todo sea dicho) se ha de suponer que el 95% de las personas que celebraban con una sonrisa de oreja a oreja el mayo festivo cordobés y su lanzamiento de claveles habrán protestado en más de una ocasión de manera enérgica y desgañitada por la situación de algún familiar en paro, del que no puede pagar la vivienda, por el precio de los libros escolares, por lo escaso de las prestaciones por desempleo, porque todos chupan del bote… Pero es que quejarse en el círculo de amigos suele salir gratis y es muy oportuno; lo que no sale gratis es pasar de ir a la batalla de las flores y apoyar la queja con la actitud, porque esto siempre implica renuncia, por nimia que sea. El movimiento se demuestra andando.

Entonces charlo, con unos y con otros, y frente a ínclitos argumentos de manual recuerdo indefectible a Quico Mañós, educador social y una cuasi eminencia en lo que atañe a las buenas prácticas en centros sociales, y a lo que él llama la enfermedad de la sociedad actual: la esquezofrenia. No, no; no habéis leído mal ni necesito el corrector ortográfico. Esquezofrenia, con e.
“Es que no sirve de nada”
“Es que no tengo tiempo”
«Es que ya estoy aburrido”
“Es que mi familia…”
“Es que lo he intentado y no he sabido hacerlo”
“Es que, es que, es que…”

Es que no me da la gana (o me cuesta, pongamos, lo que ya es un paso) renunciar a la comodidad y a tener que cambiar hábitos de vida. Ese es el mejor es que, o al menos el más real. A quien se queje de los políticos, pues que vote en blanco, a partidos minoritarios o se una a las concentraciones en el Congreso; quien lo haga de los Presupuestos Generales del Estado y sus prioridades -en Defensa, por ejemplo, cuyo monto nunca se reduce- que haga objeción fiscal y done parte de su dinero a asociaciones u ONGs; al que le cabree en qué invierten su dinero los bancos y le repele su mano larga con los desahucios que se abra una cuenta en la banca ética; quien sufre en su visceralidad viendo en la televisión la explotación infantil y ante tamaña afrenta a la civilización se rasga las vestiduras (protestando, claro) que reflexione sobre sus hábitos de consumo y vaya a tiendas de comercio justo; las personas sensibles con la cuestión ambiental y a quienes les indigna la polución, los residuos, el exterminio de especies o de bosques para producir carne, soja… pues que cambie su dieta alimentaria.

Mas es preciso asumir lo más peliagudo del tema. Mientras leíais, estimados blogueros, las diversas opciones y posibilidades que pueden ayudar a que nuestra queja se convierta en una verdad que no le salga gratis a nadie -incluido a uno mismo- habrán surcado por vuestra mente varios “es que”.

Como dijo Thomas A. Edison, si se decide por el “es que” al menos “los que dicen que es imposible no deberían molestar ni interrumpir a los que lo están haciendo”.

Delincuentes y Mesías

"Give us Barabbas!", from The Bible and its Story Taught by One Thousand Picture Lessons, 1910

«Give us Barabbas!», from The Bible and its Story Taught by One Thousand Picture Lessons, 1910

   Resulta obvio. Que en estas fechas de crucifixiones y aperturas de sepulcros surja. Es fácil descifrar que la democracia de flauta y chirigota de la que algunos hacen gala como si de una Sancta Sanctorum se tratase poco tiene que envidiar al lavatorio de manos del cobarde Pilatos en su aferramiento incondicional a cualquier amoralidad con tal de preservar el poder.

Rafi no llega a los sesenta, vive en uno de los bloques intermedios entre la dignidad y la indecencia. Digamos que aún conservan casi todos los pisos las puertas y los tramos de escaleras intactos los peldaños. Mucho es aunque parezca inane comentarlo. El caso es que en su domicilio, a excepción de una televisión con pantalla de plasma del tamaño de la Gran Muralla China y de la que pagaron únicamente la primera entrada en el Carrefour y nadie ha acudido a la puerta de su casa a solicitarle ordenadamente el resto, lo único que tienen de sobra es gente: aparte de la susodicha, completan el aforo el marido, tres hijos, la nuera y los dos nenes menores de ésta. Un cuadro que parece más agónico que aquél de los años setenta con la jauría de perros manducándose a un ciervo. De paga la Renta Activa de Inserción del cabeza de familia (o de turco, según se mire). Poco más de cuatrocientos veinte euros que se le terminan el mes que viene. De sobra para cortarse las venas.
Cuando me abre la puerta en un principio anda despistada. Con cara de que le voy a vender algo. No me reconoce y yo a ella sí. Le digo entonces que vengo de la parroquia, de Cáritas, y se relaja tanto que casi se cae de boca contra la solería. Hablando lo justo más creo alegrarle la mañana comentándole que le van a renovar tres meses más la tarjeta del Economato Social. A saber, por sólo una pequeña aportación del 40% y con todos los productos a precio de coste podrá durante ese periodo comprar alimentación, lotes de limpieza, pañales… No habría que mencionar que lo agradece, que afirma ausente de ostentación que le hace mucha falta, pero el caso es que con una premura inesperada y agónica rompe a llorar. Descompasadamente y con holgura.
– Perdona, es que hoy tengo un mal día. Llevo ya tiempo en tratamiento por depresión… La situación es mu’ mala y mi hijo acaba de salir de prisión y es otro más sin trabajo y con boca que alimentar. Veinte años tiene.
Le toco la mano, que apoya lánguida y frágil sobre el pomo de la puerta.
– ¿No va a cobrar la paga por haber estado preso?
– Hasta dentro de dos meses más o menos no, porque tiene que solicitarla y no le pagan los atrasos ni nada.
No pregunto, claro, pues el motivo de estar preso me importa una mierda, sólo, para escucharla y que intente desahogarse le digo si el chaval tiene algo pendiente, si ha estado mucho tiempo en el talego…
– No, ha estado un año a pulso, por ir a por chatarra pa’ sacar algo de dinero.
– ¿Saltó a algún sitio, no?
– Sí, en una nave o algo, y los trincaron.
La propiedad privada, por supuesto, derecho inalienable y absoluto en un estado democrático. Dónde va a parar.
Sí, este es el delincuente, la lacra social merecedora de ínclito castigo y a la que crucificamos entre malhechores con un letrerito sobre la testa propalando a los cuatro vientos sus faltas no vayan a borrarse con el paso del tiempo. Quien la hace la paga, sin remisión.

Los Mesías son políticos y se llaman caso Treball por desviación de dinero, Gómez Arrabal por prevaricación urbanística, Mª Dolores Mateos por malversación de fondos públicos; militares tipo el comandante y jefe médico del Yak-42 por identificación falsa de cadáveres; empresarios de similar factura al de hace dos días, el banquero Francisco Segundo Vaquero, por apropiación indebida de más de 30.000€ de las cuentas de sus clientes; o los cuatro Mossos d’Esquadra condenados por torturas… A estos se los indulta, como a Barrabás, que era un bandido. No hay ni que abrirles la losa del sepulcro porque se les resucita antes mismo de haber muerto. Una gozada. Porque no son lacras sociales, ni delincuentes, ni peligros para el sistema (su sistema).

Hasta los evangelistas fueron más justos. Soltar a Barrabás viene a simbolizar de forma subrepticia pero firme que existe una verdad inviable de salvar: el libre siempre será el justo, y esa conciencia vital es igual que la trate de corromper el sistema, los falsos y los que inventan mesianismos a su imagen y semejanza. Barrabás significa literalmente en arameo Hijo (Bar-) del Padre (-Abbá). Aunque os empeñéis en dar libertad al bandido, demostrando vuestro desaforado desprecio por los más débiles, a través de esa misma opción carente de argumentos la conciencia colectiva excusa al pobre, al indefenso, al que habría de ser más sujeto de perdón.

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22M y derecho de pernada

Ambrogio Lorenzetti: Escena de abusos («Alegoría del buen y del mal gobierno»).

Ambrogio Lorenzetti: Escena de abusos («Alegoría del buen y del mal gobierno»).

Rondaba sin duda los ochenta años. Sonreía como si le fuera la vida en ello y de su mano izquierda sobresalía el consabido cartelito con un folio de color grapado sobre madera contrachapada en cada una de las caras. No recuerdo los pasquines dispuestos en ellos y a la vista de todos, sobre todo de los curiosos que los leían con detallada determinación, ni si tenían la intención de censurar al gobierno en general, a alguno de sus miembros en concreto o se dirigían -lo más probable- a algunas de sus políticas hitlerianas. De lo que sí me acuerdo con meridiana claridad es que no tenía gorrita de pana, ni un pañuelo palestino al cuello, ni lanzaba consignas injuriosas… ni quemaba contenedores, por supuesto. Vestía y actuaba de manera tan corriente y natural paseando al lado de su esposa y dando la mano libre a alguno de sus nietos que bien podría decirse que estaba guardando cola en el cine en lugar de vindicando lo que pensaba que le había sido robado.

     Me lo quedé mirando casi con descaro y a la mente me vinieron imágenes, de manera espontánea como en una historia que otros te cuentan. Pasó por su vida una guerra civil en la que, con alta probabilidad, pereció alguno de sus familiares importando poco el bando que le tocara defender; una guerra mundial en mitad de la crudeza desastrosa de la posguerra que seguramente le obligara a comer mondaduras de patata, una dictadura de exiliados, ausencia de derechos y más fusilamientos, como si no hubiesen bastado los de años atrás; una extraña transición de extraño desapercibimiento; un golpe de estado de imprevisibles consecuencias y agarrotamiento civil tras sufrires anteriores; la crisis de los noventa, y que ya olvidamos; la guerra, o invasión más bien, de Irak (y van tres)… Todo ello renunciando a hacer referencia a las propias angustias y desasosiegos personales en mitad de toda tragedia externa que no ha sido autoelegida. Y ahí está el colega, con casi ochenta años y sin perder la esperanza en un cambio global, luchando por lo que considera justo para él, para sus hijos, para sus allegados, para la sociedad en general…
   A este tipo corriente, de pelo escaso, jersey de pico y camisa a cuadros un Iluminati, portavoz del Gobierno de Madrid como si este cargo hubiera de estar a disposición judicial, lo ha llamado sin reservas miembro de la extrema izquierda. Podríamos decir, también sin reservas, que dicha idea supera con creces cualquier concepción del término estúpido contenido en la RAE, pero lo más grave es que demuestra ser un irresponsable moral. Habremos de pensar entonces que este buen señor buscador de derechos, con todas sus virtudes y defectos es indudablemente más dañino para la sociedad (y de ahí las retenciones a la entrada de Madrid, las cargas policiales para desalojar Sol) que los tres miembros de la extrema derecha, pertenecientes a grupos neonazis y que justo la semana pasada fueron puestos en libertad en la misma capital a pesar de haber suplantado a la policía y ser detenidos cuando tenían en su poder dos revólveres, dos escopetas, munición y hasta chalecos antibalas. Lo definió a la perfección Sartre: “el infierno son los otros”, los que piensan como yo no suponen peligro alguno.

A saber, el modelo político en el que se basan quienes ostentan el poder procede del medioevo y es característico del feudalismo. En breve se instaurará el Ius primae noctis. Al loro con los registros civiles. Sé que puede resultar algo excesivo, sino sarcástico al menos, mi resolución, pero de igual modo que existen quienes juzgan con dureza a aquellos países, árabes para más saber, que viven sin juicio ni lógica, estancados en el costumbrismo primitivo por no haber pasado por la Ilustración se me hace necesario rememorar una de los fundamentos básicos que apuntó su padre Voltaire: “no estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”.

Por mi parte, admiro al anciano ese de extrema izquierda, que mantiene su firmeza de protestar, de quejarse, de patalear hasta el éxtasis aunque lo insulten aquellos señores feudales que ostentan la misma autoridad moral que un Playmobil. Y si él, con todas las indignidades que ha sufrido tiene esperanza, ¿qué derecho tengo yo a perderla?

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