Acerca de Rafa Poverello

Más allá de la falsedad del nombre, pues no soy pobre ni aunque quisiera en virtud del bagaje socio-cultural del que me es imposible escabullirme, mi espíritu anda de su lado, no porque sean buenos, sino porque se les trata injustamente.

Hacerse un igual

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stairs by Samueles

     Dicen que si alguien lo ha explicado ya del todo bien, para que vas a darle tú vueltas al tarro.

    ¡La doctrina de la igualdad!… Pero si no existe veneno más venenoso que ése: pues esa doctrina parece ser predicada por la justicia misma, mientras que es el final de la justicia…»Igualdad para los iguales, desigualdad para los desiguales» – ése sería el verdadero discurso de la justicia: y, lo que de ahí se sigue, «no igualar jamás a los desiguales».

    La idea la expuso Friedrich Nietzsche. ¿Quién iba a ser si no? Uno de los maestros de la sospecha. Porque llega un punto en el que, tristemente, lo más sensato resulta ser sospechar de muchas cosas. Y no me refiero a la CIA, la NSA, Féisbuk, Guguel o el gobierno de turno. Que también. Ni se trata de desconfiar de la persona que tienes al lado en la casa, en el curro, en el colectivo del barrio. Que seguramente deberá de ser algo menos.

    Hay que sospechar de quienes hablan de igualdad desde el privilegio de clase. No hace falta subirse en un pedestal para ser de ese grupo, claro. Todo el mundo lo sabe. Hay mogollón de peña que se mueve por la vida mirando por encima del hombro, pero piensa que todo lo afronta en un plano de igualdad. Quizá porque el concepto de igualdad que manejan se parece una barbaridad a ese que explicaba Nietzsche y que poco tiene que ver con la justicia y con una visión global.

    El asunto es muy sencillo y me golpeó en la cara una vez más en mitad de una de esas reuniones solidarias y constructivas donde tratábamos de enfocar cómo realizar una aproximación positiva a las personas de determinado barrio en exclusión.

    – Tenemos que acercarnos a sus casas como si fuéramos uno más.

    – Hacernos como ellos, unos iguales.

    Ah, pero ¿es que no lo somos? Uno más, iguales… Pues vaya. Sigue leyendo

«Quizás»

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Maybe, by Maklay62

QUIZÁS

Me gustaría decirlo, te lo juro,
pero es tan humilde la verdad,
que las palabras sólo son vanos recursos
cuando ya hay poco que ocultar.

Acaso quieres que tan sólo en un momento
se vaya todo al traste, así sin más,
es preferible seguir con el desconcierto
y dudar si se puede aguantar.

Sabía bien que todo esto
tenía que pasar;
me lo anunciaba el tiempo
a cada paso que da.
Sólo es cuestión de abrazar las cosas,
quererlas como están,
con su simplicidad.

Me gustaría decirlo y sin embargo,
he claudicado casi antes de empezar;
en esta historia no se trata de fracasos
y además decidí no volar.

Te aseguro que no sé lo que daría
porque hubiera otro en mi lugar,
pero el caso es que soy yo y que es mi vida
la que va sin poder pensar.

Sabes bien que no es preciso
que vaya todo mal;
es mucho más sencillo,
ya verás.
Y antes de que esto parezca un duelo,
contra toda verdad:
Quizás.

 

«Filmish: un viaje gráfico por el cine» (2017)

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Edward Ross y Will Morris en el Book Fest de Edimburgo (2013), by byronv2

     Es más que probable que “Filmish” no vaya a engrosar las listas de los mejores cómics de la historia. Ni del año. Puede también, quizá con menos margen de probabilidad, que no lo mencionen jamás en los regueros de tinta que se han publicado sobre el séptimo arte. Sí, es muy posible. Y es que “Filmish” es un tanto inclasificable, porque sería de lo más naif referirnos a ella como novela gráfica, y al mismo tiempo sería poco apropiado considerarla un ensayo sobre cine.

    ¿Qué es entonces “Filmish”? La obra de un dibujante al que le apasiona el mundo del celuloide y su historia y es capaz de interpretarla y compartirla aportando unos puntos de vista peculiares y que, a más de un purista, le pueden resultar cuanto menos controvertidos.

    No es mi caso, ni mucho menos, fiel amante como soy de ambas artes, tal vez porque desde hace años me dio por replantear determinados discursos mayoritarios y hacer una lectura alternativa del modelo social y cultural que nos hace normalizar y asumir conceptos de lo más rocambolescos. Y las lecturas alternativas, si uno es capaz de salir de su zona de confort, casi siempre han resultado soplos de aire fresco y modelos para determinados cambios de paradigma. Sigue leyendo

La escudilla

    El príncipe Almir de Sián, aquella noche, tuvo una visión. Al despertar, considerando el sueño, razonó para sus adentros como sus palacios, mujeres, ricas joyas y vestidos le apartaban de la libertad.

    Así fue como abandonando palacios, mujeres, ricas joyas y vestidos, huyó cual eremita al desierto donde vivía tan sólo con una escudilla.

    Y entonces, el príncipe Almir de Sián se hizo esclavo de su escudilla.

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