Sin hijos vivos

Juicio de Salomón (s. XIX), grabado de Gustave Doré

Juicio de Salomón (s. XIX), grabado de Gustave Doré

Detesto cordialmente a Salomón, monarca de Israel. Su pose regia, su nativa omnisciencia, su supuesta y repelente capacidad de raciocinio. No me resulta difícil imaginarlo con sus ropajes de púrpura y lino, apoltronado en el trono, no me atrevería a decir que ausente de bondad y de concordia, observando con meticuloso desdén y mirada altiva a los insulsos mortales que habitan su extenso reino, desde la frontera de Egipto hasta Mesopotamia, y se postran ante él con la esperanza salvífica de que sólo a través de sus doctas palabras habrán de hallar solución inmediata a los azares que les roban el sueño. Se mesa la luenga barba, en un gesto ligeramente combo, con la mirada juiciosa y apoyado el codo sobre uno de los gruesos brazos del sillón real. Observa hoy en la tarde amarilla a las dos mujeres que se revelan hoscas y doloridas en su presencia; gritonas y mustias, mientras abrazan con áspero desgarro cada cual a un recién nacido; uno yerto e inmóvil, el otro rebosante de vida.
– ¡Traedme una espada! -ordena el rey-. Partidlo en dos y dad la mitad a cada una.

Sé que a toro pasado todos somos la mar de ocurrentes y bien plantados, unos dechados de virtudes capaces de resolver la Teoría-M con tan sólo un imperceptible parpadeo, pero el advenedizo numerito de la espada y de la doma de las furias se me antojan en días nada antojadizos como meras sintaxis hiperbólicas acerca de los conceptos de justicia y de amor maternal. Podría incluso aseverar odiosamente que me convierten en sujeto estrábico en medio del asedio que produce la obligada toma de decisiones.

Me encantaría ver a Salomón impartiendo justicia uno de esos días nada antojadizos sentado en mi asiento real de la oficina de Cáritas; real en lo que la acepción del adjetivo hace referencia a aquello que tiene existencia verdadera y efectiva y en nada se asemeja a lo regio. Ciertamente quisiera contemplarlo, tan sólido y tan firme, abrirse paso entre los rostros pragmáticos que persisten de manera inusitada cada semana en la sala de espera, entre sus sonrisas dispersas como las gotas diminutas de una lluvia ventosa. Me agradaría indagar en la mente del segundo hijo de David a través de su mirada acuosa, entornar la vista con aprehendida sospecha y encontrar en su córtex cerebral el más mínimo resquicio que pueda servirme de bálsamo. Igual daría confirmar su agudeza y precisa compostura como advertir que es tibio, disperso e inseguro a imagen de mí mismo. Sin duda resultaría incluso más consolador que se cumpliera este segundo derrotero.

– Lo siento de verdad, te comprendemos, pero al vivir sola… Te podemos acompañar e ir a visitarte, pero para una ayuda económica nuestros recursos son muy escasos y tu situación no es prioritaria al venir otras familias con hijos a cargo y…
– ¿Y las viudas no tenemos derecho a vivir? Es que en todos sitios me dicen lo mismo.
(Uppercut uno).

– No sé, es que contáis con más ingresos que la mayoría de las personas que llegan a la oficina y sois menos miembros en la unidad familiar.
– Pero eso no debería ser así, tenemos hipoteca y algunas deudas y como nos pasamos del tope no nos ayuda ni la Junta ni el Ayuntamiento.
(Crochet de derecha).

– Mientras que tus hijos no estén escolarizados es que no podemos ayudarte, sabes de sobra que es un criterio también de Servicios Sociales ¿Acaso quieres que tu niña tenga que venir a la oficina, igual que tú, dentro de unos años?
– ¿Y qué hago si tiene 15 años y se niega a ir? ¿La arrastro de los pelos?
(Nocaut técnico).

Si Salomón, en lugar de un monarca con copiosa fortuna y atribuida -o tal vez hasta impostada- sabiduría, hubiera sido voluntario de uno de los equipillos abnegados de Cáritas la historia habría pasado sobre su estoica figura de puntillas, como al verter el caldero de agua sobre esos rescoldos que hay que apagar, y perpetuando esa incómoda sensación de que al final, a pesar de incontables esfuerzos, a ninguna de las dos madres has sido capaz de entregarle el hijo vivo.

 

«Palestina, en la franja de Gaza» (1993)

Buzz Bee and Joe Sacco by widyarahayu

Buzz Bee and Joe Sacco by widyarahayu

Lo dijo Oscar Wilde: «sólo podemos dar una opinión imparcial sobre las cosas que no nos interesan, sin duda por eso mismo las opiniones imparciales carecen de valor». Así que yo, un don nadie, no he de atreverme a llevarle la contraria al magno novelista. Es decir, recomiendo a quién precise encontrar una opinión imparcial que ni se atreva con la obra ‘Palestina: en la franja de gaza’ y mucho menos que no pierda el tiempo leyendo estas letras, porque tanto a Joe Sacco como al que suscribe le interesan muy mucho los desmanes que desde hace más de 50 años se suceden día tras día, hora tras hora, segundo a segundo en esta región tan caldeada de Oriente Medio.Tras la necesaria prevención a incautos que esperaran pasmosa objetividad, es preciso concretar algo, un comentario de lo más pragmático extraído de boca del propio Sacco, periodista y dibujante, para hacer justicia a su intento concienzudo de ser lo más neutral posible al margen de su idiosincrasia: “sin la ocupación no habría cómic”. En muchas fases Joe se golpea concienzudamente a sí mismo, se descubre como frío e insensible haciéndose víctima del estrés y la escasez de tiempo ante las rugosas y escalofriantes experiencias que describe por boca de palestinos desde los territorios ocupados. Yo mismo me vi preso de un monumental cabreo pseudo-solidario al leer con más pena que gloria sucesos de una crueldad extrema a los que apenas se les dedicaba una página -incluyendo presentación y despedida- en el último capítulo de este monumental diario de campo.Porque eso es ‘Palestina’, un escalofriante diario de guerra, un documento tan predominante a veces en ensayo periodístico que quizá no sea del gusto de todos los amantes de la novela gráfica. ¡Pero es tan necesario degustar sus exquisitas páginas y textos directos repletos de sarcasmo, lacerante ironía y chutes de realidad! Tanto para reír como para indignarte.La obsesión de Joe Sacco por hacer partícipe al potencial lector del conflicto y de la situación vivida en la franja de Gaza le lleva a crear unas viñetas descriptivas y paisajísticas de un realismo cercano a la litografía. Es sencillamente increíble su capacidad para mezclar este estilo antiquísimo y clásico con el alborozo y la presencia de unos personajes de diseño mucho más cercano al cómic underground sin que desentone ni sientas que has sufrido un salto en el tiempo.Quien quiera acusar a Sacco de maniqueísmo seguro que encontrará motivos -aunque lo más probable es que sean del todo injustificados-, pues tan sólo con describir la realidad de las gentes ‘exiliadas’ en los territorios palestinos ocupados se ha de creer que es un invento, una falacia y que es imposible que esas atrocidades sucedan en realidad (esos pensaban los judíos de las cámaras de exterminio), pero el periodista y dibujante también habla del hijad, de la situación de las mujeres en Palestina y no oculta los ataques de la Intifada, sólo que todo esto casi da risa comparado con el resto de ignominias ocasionadas por las leyes, el gobierno y el ejército israelí: 40% de paro entre la población palestina, desplazamientos y expulsión de tierras porque tantos olivos son peligrosos para la seguridad nacional pues impiden la visibilidad (a colación recuerdo la interesante película israelí ‘Los limoneros’, que esto eran aquí en vez de olivos), 90.000 encarcelados en los primeros cuatro años de Intifada (a Sacco le resulta casi imposible hallar a un palestino que no haya estado en prisión), Yabalia con una población de 65.000 habitantes para 2 Km cuadrados, cesión a los territorios ocupados de tan sólo el 17% del total del agua (casi nunca realmente potable), de 3.779 palestinos heridos de bala más de 1.500 eran niños menores de 15 años… Minucias, vamos.

En el último capítulo de la obra, Sacco pasa varios días en compañía de dos mujeres israelíes. Ofrecen su opinión sobre la situación del conflicto y la verdad de la vida lees escupe a la cara con el comentario espontáneo que surge de la boca de Sacco tras sus primeras tertulias: “Naomi y Paula también me resultan familiares… Sus preocupaciones cotidianas me recuerdan las de la gente que conozco en Europa o en los EE.UU.”. En Gaza nada de lo cotidiano es en absoluto familiar, pues todo, absolutamente todo, está revuelto de dolor, muerte y caos, por muchas risas con las que lo sazones.Mientras ‘disfruta’ de uno de sus múltiples y azarosos viajes en taxi, una mujer israelí le espeta a Sacco: “si usted es uno de esos periodistas entre un millón que quiere decir la verdad sobre Palestina, no se lo publicarán porque los judíos son los dueños de los periódicos, son los dueños de todo EE.UU.” En 1996 ‘Palestina: en la franja de Gaza’ recibió un American Book Award y en 2002 el premio a la Mejor Novela Gráfica en la Book Expo America. Me quedo anonadado y abstruso, como tras leer la última línea de ese final tristemente abierto del libro, tan repleto de puntos suspensivos…Termino con Mahmud Darwish, palestino y uno de los más importantes poetas árabes: “El exilio es parte de mí. Cuando vivo en el exilio llevo mi tierra conmigo. Cuando vivo en mi tierra, siento el exilio conmigo. La ocupación es el exilio. La ausencia de justicia es el exilio. Permanecer horas en un control militar es el exilio. Saber que el futuro no será mejor que el presente es el exilio. El porvenir es siempre peor para nosotros. Eso es el exilio.”

La contrición del prefecto

Cruceiro by Víctor Nuño

Cruceiro by Víctor Nuño

     Irá a la procesión del Domingo de Ramos y a la del Lunes Santo. Se sentará en el palco embutido en su chaqueta azul oscuro y con los pantalones recién planchados marcando una perfecta línea vertical. Desde las alturas, reclinado como un nuevo prefecto romano en un butacón de brazos Luis XVI y respaldo tapizado con absurdos oropeles, tan sólo en virtud de su presencia y acompañado seguramente por otras autoridades de altos rangos y diferentes círculos religiosos y políticos de la ciudad con los que intercambiará comentarios de henchida satisfacción, dará inicio con lánguida complacencia y humana e irreverente gloria a lo más folclórico, mundano y turístico de la semana de Pascua. No me supone exceso de esfuerzo imaginar su rostro atribulado, aun marcado de una relativa compostura, al paso de las andas sobre las que apoyan su dolor el sobrio Cristo de las Penas o la espigada talla del Rescatado.

Paseando desde el Ayuntamiento llegará al lugar más ilustre de la Carrera Oficial, luciendo una insignia solemne y cofrade en la solapa, varios metros detrás ofrecerán sus fauces adiestradas dos mastines, con sendas gafas oscuras ensartadas sobre sus narices como bisagras, notoriamente ridículas si resultó presentarse una tarde nublada, pero necesarias y conspicuas en su función prosaica de cargar de boato y amenaza la más rutinaria de las vidas.

Apoltronados durante el día en hamacas de playa de colores rancios y derruidos sobre colchones de muelles dispersos tras la puesta del sol se encuentran las duplas Rafa-Rocío y Manuel-Raquel. Apostados a los muros de palacio desde hace más de un mes, con su despreciable apariencia y dignidad a ojos del prefecto quien acaso envía estratégicamente a algún súbdito para mantener en vilo el vívido deseo de esperanza y ganar tiempo con el fin de perderlo en otras cosas. Pilatos los envía a Herodes, Herodes a Anás, Anás a Caifás, Caifás de nuevo, conciliadoramente, a Pilatos, en esa diversión sacramental de restada importancia por ser tan acostumbrada de marear al inocente para que sean otros quienes lo sentencien a muerte.


Rafa y Manuel, Rocío y Raquel, sin consultarlo ni consigo mismos y cargados tan sólo de algunas mantas y unos cartones con los que mitigar el presumible hartazgo, llanamente decidieron reclamar justicia y no seguir siendo escupidos y golpeados con una caña. Ambos matrimonios, con hijos menores a cargo y enormes factores de riesgo de exclusión social, piden que se les conceda un hogar digno después de años de fatigosa espera tras entregar la correspondiente solicitud para que se les conceda una vivienda social. Fácil resultaría aferrarse al hecho objetivo, consumado e incomprensible de que Manuel y Raquel ya tuvieran asignada una vivienda desde hace meses sin que se les hubiese comunicado por parte de los poderes públicos o que a Rafa y a Rocío les remarquen con una embustera complicidad que su solicitud nunca ha sido presentada, a pesar de que ellos cuenten en su haber con una copia que afirma lo contrario de manera irremediable. Lo más execrable y repulsivo es el hecho, igualmente incuestionable, de que no exista un baremo al que acogerse en la asignación de viviendas. Habría pues que suponerse, continuando con analogías bíblicas, que en los despachos y en las cavernas oscuras de las administraciones públicas, de igual manera que en el Cónclave o en los Hechos de los Apóstoles, debe de ser el espíritu santo quien en base a un trance arrebatado de misticismo señala con el dedo la solicitud que Dios, en su infinita misericordia y majestad, ha tenido a bien aceptar como ofrenda. El resto, sanedrín y senado lavan sus manos inmundas y hoscas con aburrido desdén, indican a subalternos que conduzcan a los ajusticiados hacia la Via Dolorosa camino del Gólgota, pues primordial es no retrasarse en el sumo acto de contrición que llevarán a efecto desde el palco: coligar su dolor con el del crucificado, con el del injustamente condenado.

Tal vez el prefecto llora, con su insignia cofrade en la solapa, contemplando las hermosas tallas de madera del Cristo de las Penas y del Rescatado al mismo tiempo que las penas de los miserables nadie opta por rescatarlas. Y se aburren éstos, con lógica despiadada, quizá a la hora exacta en la que hace su aparición el primer paso. Cogen sus bártulos, se levantan con una dignidad de la que no son conscientes y parten camino a casa; para abrazar a los hijos que echan de menos, a las madres que no han llegado a comprender del todo su postura insumisa, a perder la esperanza en la resurrección.

Señor prefecto, “lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis”. El resto, bazofia farisea.

«La anciana y las palomas» (1997)

Old Lady and the Pidgeons by leopinheiro

Old Lady and the Pidgeons by leopinheiro

Existen personas tocadas en cierta medida por el don de la sensibilidad, el guionista, animador y director francés Sylvain Chomet es sin duda una de ellas. Evidente admirador del cine mudo y del mimo, Chomet nos muestra en sus películas, prácticamente ausentes de diálogos, unos personajes tan duros y dolorosos como sentidos y necesitados de afecto. «La anciana y las palomas», su primera incursión en el mundo del cine, es un cortometraje de clara denuncia social, con fondos del también viñetista De Crécy, que a través de la vida de un gendarme que no tiene qué llevarse a la boca nos hace partícipes de la situación de necesidad en la que malviven muchas personas que pasan a nuestro alrededor, inventando posibilidades de subsistencia, mientras nos mantenemos ocupados en menesteres menos necesarios.

Después vendrían la curiosa «Bienvenidos a Belleville», la participación de Chomet en el largometraje colectivo «Paris, je t’aime», dónde nuevamente homenajea a los espectáculos de calle, y la última estrenada: «El ilusionista», un emotivo homenaje a la magia, a los mimos y a todo el cine del inimitable cómico de su misma nacionalidad Jacques Tati, y basada en un guion del propio actor y director, escrito a mediados de los años 50 del pasado siglo y que nunca llegó a ser producido.