Drapetomanía

     A mediados del siglo XIX, el médico Samuel A. Cartwright descubrió (nótense sendas cursivas) una enfermedad mental que sufrían los esclavos negros llamada drapetomanía. Consistía en que estos, a menos que fueran tratados como seres inferiores y sumisos por sus amos tal y como enseña la sagrada Biblia, manifestaban ansias de libertad y unos deseos irrefrenables de escapar. Obviamente, como todo buen doctor que se precie, aparte del diagnóstico y de sus características, Cartwright prescribió la prevención y el remedio: azotes y amputar los dedos gordos de los pies. Tampoco hay que escandalizarse mucho pues el susodicho individuo también describió la dysaesthesia aethiopica, otro trastorno mental que afectaba sobre todo a negros libres quienes, al no tener un hombre blanco que los encamine, se dejaban dominar por la pereza, la desidia y la insolencia.

     Las reacciones sociales y mediáticas al asesinato de Samuel, así como hacia el resto de agresiones homófobos de estos últimos días, incluida la del madrileño barrio de Malasaña, que acabó siendo una denuncia falsa, me ha remitido, tristemente, a esta asociación de ideas pues, da igual el año, la década o el siglo: quien cree una cosa fundamentada en un plano meramente ideológico, hará lo imposible para que la realidad concuerde con su idea preconcebida. No por nada el ser humano tiene la sana costumbre de relacionarse solo con congéneres que piensan como él, no vaya a ser que tenga que replantearse su escala de valores. Y eso da un trabajo que te pasas. Continue reading

Qué te impide abrazar a un subsahariano

    A decir verdad, he de reconocer que el título de esta entrada intrascendente iba a ser algo así como «qué moralidad enferma y despreciable tiene una persona que es capaz de sacar odio de esta imagen». Pero que haya que explicar estas cosas es de escuela infantil, como tener que debatir por qué no es muy normal ni respetuoso escupirle en un ojo al vecino del quinto, aunque te caiga fatal, cuando coincidas con él en el ascensor; así que mejor partir de la otra pregunta, la de los impedimentos para realizar algo.

    Dijo Voltaire que «si quieres saber quién te controla, mira a quién no puedes criticar», y partiendo de esa base, que considero poco discutible, así como del contexto no es difícil sacar determinadas conclusiones. Más allá del posible interés mediático de nuestro país en su enconada lucha de control fronterizo con Marruecos, los hechos objetivos son que, el pasado 18 de mayo, tanto el GEAS de la Guardia Civil como el ejército y personas voluntarias de Cruz Roja rescataron a decenas de menores de morir ahogados en las aguas de Ceuta. Hay infinidad de fotos que así lo atestiguan, pero a los bichos desalmados de siempre no les da por criticar al ejército o a la benemérita, sino a Luna, una cooperante de Cruz Roja, la más indefensa del grupo de rescate, por abrazar a un chico subsahariano que lloraba tras llegar a la costa. Luna tuvo que cerrar sus redes sociales debido a la cantidad de burradas, insultos y amenazas que estaba recibiendo por parte de la España cañí más reaccionaria y ultraderechista. Continue reading

«Benito Cereno» (1855)

Es bonito leer. No me refiero a saber leer, que también, sino disfrutar con la lectura, tener la posibilidad de evadirse hacia parajes y escenarios desconocidos, con narraciones bien tramadas y escritas con gusto y estilo.

Es bonito leer, vaya, a pesar de que cada vez la mente tiene más filtros. Será cosa de la edad, que lo hace a uno más puñetero y cargado con múltiples gafas cuando observa la realidad y la ficción, no solo las de la presbicia. Ojalá.

Quiero decir que se aprende mucho leyendo, y no siempre por lo que se cuenta, sino más bien por cómo se cuenta, qué personas son buenas cuáles malas y en dónde se pone el acento (o aun la tilde, que se nota más sin hacer el más mínimo esfuerzo).

Como ahora vamos al lío, es preciso informar al respetable que casi todo lo que viene a continuación es un soberano destripe, en toda regla, del argumento de la novela corta «Benito Cereno», de Herman Melville.

«Benito Cereno» se lee con una facilidad y agilidad pasmosas, y no porque sea corta o porque Melville renuncie al simbolismo característico en otras de sus obras, sino porque la historia en sí engancha y responde a las cualidades a las que hacía referencia al inicio de estas líneas: narración bien tramada y escrita con gusto y estilo, aspectos que parecía que el autor de Moby Dick había olvidado en sus últimos años. ¿El problema? Ninguno, solo las gafas personales esas de las que hablaba y que soy incapaz de quitarme. Quizá por eso «Benito Cereno» es una novela imprescindible, pues pocas obras son capaces de mostrar tan a las claras y en tan escaso número de páginas cómo la historia (y la literatura, por ende) es escrita por quienes vencen y no es fácil revertir esta realidad sin encontrar una acusación por revisionismo negacionista o escuchar el consabido: «era el momento histórico». Continue reading

«Parentesco» (1979)

    En 1960, cuando Octavia E. Butler tenía 13 años y soñaba con ver publicados sus relatos en las grandes revistas de ciencia ficción de la época, su tía, quizá con la buena voluntad de quien te quiere y no desea que te estrelles frontalmente, y demasiado pronto, con la realidad, le dijo «nena, los negros no pueden ser escritores». Eran los años 60 del pasado siglo; técnicamente podría incluso haberle dicho que los negros no podían ser personas con derechos.

    En uno de sus relatos, la conocida como la gran dama de la ciencia ficción, recordaba que justo a esa edad de 13 años pensaba que no había leído ni una sola línea escrita por una persona negra. Pero se empeñó, y en un mundo y un género dominado por blancos, se hizo un hueco gigantesco, aunque, tristemente, siga siendo una absoluta desconocida entre quienes se consideran fanáticas de la Ci-Fi.

    «Parentesco» resume en parte toda la temática sobre la raza, la sexualidad, la violencia y la diferencia, tal y como ella la percibía en su entorno. El argumento es simple: una mujer negra que vive en California a mediados de la década de los 70, es transportada en varias ocasiones y durante distintos lapsos de tiempo, por circunstancias que se irán dando a conocer a lo largo de la trama, a una plantación de personas esclavas en los años de la Guerra de Secesión de Estados Unidos donde conoce su desagradable historia familiar y a algunos de sus antepasados. Continue reading