«El Camino es andar»

Por caminos de Francia va el romero, con las manos flacas asidas del bordón, luciendo la esclavina santificada por hermosas conchas cosidas al cuero, y la calabaza que sólo carga agua de arroyos. Empieza a colgarle la barba entre las alas caídas del sombrero peregrino, y ya se le desfleca la estameña del hábito sobre la piadosa miseria de sandalias que pisaron el suelo de París sin hollar baldosas de taberna, ni apartarse de la recta vía de Santiago, como no fuera para admirar de lejos la santa casa de los monjes clunicenses. (El Camino de Santiago, Alejo de Carpentier)

     Flaco favor me hago compartiendo de entrada este fragmento excelso, cuidado, sobre El Camino de Santiago escrito a principios del siglo XX por Alejo de Carpentier. Posiblemente sea una de las descripciones más hermosas que he leído sobre el trasiego del Romero hacia la ciudad del Apóstol.

    Dicho lo cual, me apetece compartir una especie de diario que escribí hace bastantes años durante una de mis entonces habituales andanzas a lo largo del Camino.

     El camino es andar

    Buen camino. Y gracias a tantas buenas gentes, admirables, y amistades inolvidables que he encontrado a lo largo de sus kilómetros.

pies

«Con tus recuerdos»

sadness

Sadness, by Sasha Wolff

CON TUS RECUERDOS

Con tus recuerdos en dos maletas
dentro de un cuarto por colocar;
en el rincón una silla inquieta.
“Maldita libertad”.

Con tu tristeza cargada a cuestas
–cuánto te pesa ese adiós papá-;
compraste varios muebles de Ikea,
que no sabes montar.

Por las rendijas se cuela alegre el sol,
y su sonrisa vacía la habitación.

Con tu dolor anclado en el pecho
no hay posibilidades de zarpar;
la soledad que inunda tu lecho
es la única verdad.

Con tus silencios llenando huecos,
y un libro eterno por comenzar,
buscas cobijo en que tus pequeños
mañana llegarán.

Tras las persianas volvió a dormirse el sol;
esta mañana ni Dios se despertó.

Y por milagro, sin trampas ni cartón,
ese letargo sin sueños se quedó;
sin esperarlo, un día amaneció.

Como a una Sabina

El_rapto_de_las_Sabinas,_de_Valerio_Castello_(Museo_de_Bellas_Artes_de_Valencia)

El rapto de las Sabinas, de Valerio Castello (Museo de Bellas Artes de Valencia)

Como a una Sabina
raptaste mi pecho;
no hicieron falta gladios,
musculados torsos
ni la traición postrera
de Tarpeya
para expugnar sus muros,
pues tu inabarcable piélago es
el único ajuar
que porto en mis brazos.

Con tu escudo
aplastaste mi adentro,
abierto a ti, infinito
y casi eterno igual que el cosmos;
y nutrida tu cohorte con mi incondicional connivencia,
una vez arrebatada la galea
protectora inútil de la víscera del tórax,

residiste.

Concierto Acpacys

     No nos regodearemos mucho con los múltiples problemas técnicos -entre ellos el de pasarnos una hora antes de la apertura de puertas tratando de que funcionaran los micros-. Una gozada. Como los indios me lo pasé, más allá de que en el escenario, en virtud de un monitor de lo más peculiar sólo escucháramos mi guitarra base.

     Lo mejor, lo irrepetible, lo inclasificable fue el público: personas afectadas con parálisis cerebral y un grupito de refugiados provenientes de Marruecos, Argelia, Eritrea, Siria, Ucrania… Ni los Rolling tuvieron un público tan internacional, aunque en nuestro caso fuera por causas nada agradables.

     Y las amistades de toda la vida, las que nos escucharon cunado casi ni se nos escuchaba. En casas okupas, en actividades de barrios en exclusión…

      Unas fotos, unos fragmentos y un tema casi enterito; al menos para que os hagáis una idea quienes no pudisteis asistir. De esa os librasteis.