«Mishasho»: mi primera novela

Portada Mishasho

     Dicen que los hombres no parimos. Es mentira. Alguna vez lo he hecho, pero con algo menos de dosis de paciencia de por medio. Este parto, el primero en su especie fue de dos años casi justos, y para el alumbramiento tuvieron que pasar casi dos años más. Es lo que tiene ser un pejiguera.

     Uno escribe por necesidad, y no económica quiero decir, sino de estar delante de una pantalla de ordenador (con lo bien que quedaba lo del papel) y ponerse a transcribir ideas lo mejor que uno puede y luego poder compartirlas. Cierto que hasta Dickens escribía a veces para sacar unas pelillas (sus cuentos para las navidades), aunque no lo precisara, desde luego; o Faulkner, que se puso con «Santuario» para ver si se lo publicaban y poder dedicarse luego a alguna obrilla más seria. Incluso rompió casi todos sus principios y finales personales cediendo a hacer cambios de todo calado y lugar para conseguir su objetivo.

     Lo mismo yo soy más porculero que Faulkner, porque no me pliego, y eso tiene sus inconvenientes. He odiado siempre nada cordialmente el mundo editorial y sus derechos sobre el autor (no de autor), así que empecé con esperanzas mandando el manuscrito a editoriales independientes y/o alternativas, o eso decían algunas. Pero, bien porque no tienen tanta posibilidad de ampliar catálogo como las gordas y sebosas bien porque no eran tan alternativas como gustaban de venderse, las mandé a todas al garete y guardé el manuscrito en el cajón de los olvidos. Queda mejor esa expresión que decir en una de las carpetas personales del home del ordenador. Sigue leyendo

«Quizás»

maybe-1462744_960_720

Maybe, by Maklay62

QUIZÁS

Me gustaría decirlo, te lo juro,
pero es tan humilde la verdad,
que las palabras sólo son vanos recursos
cuando ya hay poco que ocultar.

Acaso quieres que tan sólo en un momento
se vaya todo al traste, así sin más,
es preferible seguir con el desconcierto
y dudar si se puede aguantar.

Sabía bien que todo esto
tenía que pasar;
me lo anunciaba el tiempo
a cada paso que da.
Sólo es cuestión de abrazar las cosas,
quererlas como están,
con su simplicidad.

Me gustaría decirlo y sin embargo,
he claudicado casi antes de empezar;
en esta historia no se trata de fracasos
y además decidí no volar.

Te aseguro que no sé lo que daría
porque hubiera otro en mi lugar,
pero el caso es que soy yo y que es mi vida
la que va sin poder pensar.

Sabes bien que no es preciso
que vaya todo mal;
es mucho más sencillo,
ya verás.
Y antes de que esto parezca un duelo,
contra toda verdad:
Quizás.

 

La escudilla

    El príncipe Almir de Sián, aquella noche, tuvo una visión. Al despertar, considerando el sueño, razonó para sus adentros como sus palacios, mujeres, ricas joyas y vestidos le apartaban de la libertad.

    Así fue como abandonando palacios, mujeres, ricas joyas y vestidos, huyó cual eremita al desierto donde vivía tan sólo con una escudilla.

    Y entonces, el príncipe Almir de Sián se hizo esclavo de su escudilla.

footprints-africa-bedouin-desert-sand-1007157

Actuación improvisada

Pues nada, que ayer fui a ver a mi sobri por los cuatrocientos años de la Fundación de la Congregación que dirige su cole y aquí te pillo, aquí te mato. Un temita sobre la marcha.

     Me lo pasé bien, y me reí mucho con la actuación de algunos padres sin la más mínima vergüenza.

     Mi sobri me acompañó con la pandereta, pero no me dejan poner foto. A ver, cosas de los menores.

     Muy mayo cordobés todo, como podéis ver.