Acerca de Rafa Poverello

Más allá de la falsedad del nombre, pues no soy pobre ni aunque quisiera en virtud del bagaje socio-cultural del que me es imposible escabullirme, mi espíritu anda de su lado, no porque sean buenos, sino porque se les trata injustamente.

El monosílabo es tuyo

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security, by TBIT

    Me acordé de la conocida frase de Voltaire, que se parece bastante a otras similares de otros seres humanos. Por algo será: “quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero”.

    Para comprobar fehacientemente en dónde pone sus fundamentos el capitalismo y lo bien que ha asentado sus bases en la conciencia colectiva, lo único que tiene que hacer uno es cambiarse de compañía de teléfono.

    Por motivos que no vienen mucho al caso, eticom, que es la cooperativa a la que por fin me he podido mudar, no puede solicitar directamente la portabilidad ni la baja a Vodafone, lo tiene que hacer uno en persona, y lo primero que llama la atención es el proceso a seguir, claro.

    Para darte de alta en una compañía hablas con una persona que, según parece, está cualificada por la empresa para hacer de todo, hasta cantarte una saeta, porque en un plis te formula todas las preguntas necesarias y hasta te hace la grabación de voz. Lo de rescindir el contrato ya es otra cosa. Que debe ser la mar de complicada, pues no hay nadie cualificado para hacer de todo. Ni para cantar mal debajo de la ducha. De entrada ya te tienen un ratito esperando en cuanto dices la palabra mágica: baja, y después tienes que pasar por tres departamentos distintos: uno en Latinoamérica (nótese la ironía), otro en Barcelona y el último en Madrid. Como si no tuvieras claro desde el principio que lo que quieres es darte de baja.

    Es obvio que el motivo es tratar de convencerte de lo majos que son y que has sido cliente mucho tiempo y tal y pascual. Veamos. Sigue leyendo

Seguid

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The Suffering by MarekKurzok

 

Seguid.

Viendo aparecer mi rostro en las noticias.

A la hora del almuerzo.

Las manos a la cabeza y la cuchara a la boca.

Seguid.

Rezando por mí.

Con una de las cuentas de vuestro Rosario.

Rogando a Dios que se digne a hacer algo.

Uno de sus milagros.

Seguid afligidos. Seguid.

Seguid.

Escribiendo un blog.

Firmando solidaridad en Change.org.

En esa carpa bien dispuesta en mitad del bulevar.

Seguid.

Con vuestra cuota mensual a Greenpeace.

A Amnistía.

A Oxfam-Intermón.

Dando lo que os sobra.

Seguid.

Militando en vuestro colectivo de barrio.

Desgañitándoos en vuestras manifestaciones.

Seguid roncos. Seguid.

Seguid.

Cambiando mi mundo desde vuestro buró.

Desde vuestro despacho.

Sin cambiar nada del vuestro.

Seguid.

Lavando vuestra conciencia.

Seguid.

Ese agua pútrida que destila

seguirá cavando mi tumba en el Mediterráneo.

Y congelará mi esperanza en vuestras fronteras.

E inundará de injusticia mis calles en Siria.

Seguid, hermanos, seguid.

Como si la tierra fuera vuestra

y yo

una mala hierba que os molesta.

Poliestireno expandido

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Polystyrene, by Yikrazuul

   Tiene diez años. Poca cosa, por más que los nenes de hoy día resultan ser, a espuertas, meridianamente más listos de lo que lo era yo a esa edad. E incluso con cuatro años más. Disfruta con su huerto urbano, con la pesca aunque no pesque nada, iluminando el salón con luces de discoteca, montando pasos de Semana Santa y Belenes o subiendo vídeos caseros a Internet para compartir todas esas cosas que le entusiasman.

    Ya tenía en mente alguna idea para la Navidad y le soltó a su tía:

    – Tita, ¿dónde puedo comprar poliestireno expandido?

    La susodicha se quedó tan anonadada como me hubiera quedado yo. A cuadros. E hizo la misma pregunta de ignorancia que hubiera hecho yo:

    – ¿Poli qué? ¿Eso qué es?

    – Titaaaa, pues con lo que hicimos la puerta del cole para el paso del año pasado.

    – Ahhh, pero eso es corchopán –muy digna.

    – ¿Corchopán? Se llama poliestireno expandido. O poliexpán.

    Me acordé del chiste aquel del paciente que va a la farmacia y pide una caja de ácido acetilsalicílico. “Una caja de aspirinas, ¿no?”, contesta el farmacéutico. “Eso, es que nunca me acuerdo del nombre”.

    Nos hacen reflexionar los infantes. Si andamos un poco despiertos. El niño se sabía al dedillo cual era la palabra técnica que hacía referencia a ese material porque le interesaba. Y cuando algo te interesa ves vídeos, lees sobre el tema, te informas… En definitiva, sacas tiempo hasta de debajo de las piedras para ser un experto en el asunto. Y ni se te ocurre pensar que te lo estás quitando de otra cosa: que no puedes ver los dibujos, que no puedes jugar a la Play, que es la mar de difícil hasta la pronunciación y no tiene sentido seguir dándole vueltas al tarro. Al final eres capaz hasta de deletrearlo. Y de atrás hacia adelante. Sigue leyendo

Nada de carne

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Oh Syria! by A7md3mad

    Los datos son imposibles de contrastar, y apuntan a que sean más las cifras, pero según la ONU el 2016 ha batido un nuevo récord respecto a muertes de seres humanos en las aguas del Mediterráneo, la tumba de Europa. Más de cinco mil personas. Cinco mil. Se dice pronto, pero es una absoluta burrada. Una vergüenza si tuviéramos.

    En idéntico número de meses, los atentados de grupos fundamentalistas de ISIS en occidente han acabado con la vida de menos de doscientas personas. Si no he contado mal un total de ciento noventa y dos. Pero todos somos Bruselas, y Niza, y Berlín. La mar de solidarios. Escuché a un articulista decir que era normal por el tema de la cercanía, de las cosas que nos unen, y que no habría que rasgarse las vestiduras por ello. Yo me las rasgo cada vez que veo una de esas putas cadenas de todos somos. A mí, particularmente, me pilla bastante más cerca el Mare Nostrum que Alemania o Países Bajos. Y me siento más identificado con la cultura árabe y su influencia en Andalucía que con el Oktoberfest o el Parlamento Europeo.

    Con números: 5.000 frente a 192. El problema con la empatía es otro, y ni tiene que ver con la cercanía o con que en los países árabes están tan acostumbrados a pasarlo mal que la muerte les importa una mierda. Se llama ceguera acomodaticia aguda unida a lobotomía televisiva crónica.

    El otro día estaba comiendo en un chino. Unos rollitos de primavera. Una vez abiertos por la mitad para ponerles por encima la consabida salsa agridulce dijo mi acompañante:

    – ¡No tienen nada de carne!

    Para el 85% de la población de este occidente consumista que nos hemos montado, la frase es una evidente crítica a rellenar los susodichos sólo con col china y zanahorias. Un ahorro de pasta en cientos de rollitos diarios. Pero es que mi acompañante y yo somos vegetarianos, por lo que la traducción es bien distinta en el contexto:

    – ¡Qué bien que no tienen carne! No tenemos que pasarnos tres minutos expurgando la comida. Sigue leyendo