
la grande bellezza POSTER by HerrTrudov
Si hay una novela de literatura contemporánea cáustica, dolorosa y francamente punzante con el pulular humano que solemos llamar vida es «Viaje al fin de la noche» del repudiado Céline; y si existe un filme actual que hubiera rodado sin reticencias Fellini sería sin duda «La grande bellezza», a pesar de sus excesos o precisamente en virtud de ellos, pues también eran esencia primordial en el imaginario personal del director de «La dolce vita» -con la que bastante comparte en espíritu la película que nos ocupa-, mas parece ser placer exclusivo de la crítica rendir pleitesía al consagrado mientras pone en entredicho similares recursos en otros que no lo son.
Con una cita de la obra de Céline comienza la cinta de Sorrentino, y no es casual que así lo decida el director, también guionista, pues desde el principio ha de dejar cristalino el propósito fiel al que se rinde la película: la vida. No ya su sentido profundo, su devenir presente y futuro, la casuística o la pulcritud existencial… La vida, la raíz que habría de mantenerse y que nos hace posibilitados de percibir la belleza en incontables ocasiones librándonos de lo que el filme no se cansa de repetirnos hasta el ensalmo: el esnobismo y el hedonismo extremo.
Sorrentino, como ya hiciera el nombrado Fellini -y según mi parecer destroza sistemáticamente con la exageración Almodóvar-, nos regala unos personajes extremos, curiosos y del mismo modo memorables, partiendo del sentir interior de un artista, de una persona llena hasta el hartazgo de la nada que lo rodea y que ha renunciado per se a la búsqueda de un valor más elato. Imposible se me hace no ver esa evidente similitud entre el título de la obra de Sorrentino: «La grande bellezza», y la política y socialmente incorrecta sátira reconvertida en película de culto del extravagante Marco Ferreri: «La grande bouffé», y ambas, sin llegar siquiera a rascar fondo, también hablan de lo mismo en equidistantes perspectivas: de reventar de gusto aunque en ello perdamos la vida, física o psicológicamente hablando.
Decía Lennon eso de que «la vida es aquello que nos sucede mientras nosotros andamos ocupados haciendo otros planes». Sorrentino no nos ofrece otros planes, nos llama a la reflexión, a echar raíces, y a no olvidar la primera gran belleza que percibimos y que nos invita a seguir buscándola sin imposibles, sin causas perdidas… Aferrándonos a lo que existe.
https://www.youtube.com/watch?v=YbdSk6EsxWc


Dicen con toda razón las personas decentes que no es de rigor catalogar a los semejantes como si fueran paquetes de pan de molde, pero bien es cierto de igual modo que los seres humanos somos de alguna manera nuestro carácter, con sus habilidades gozosas y aquellas libidinosas, con las virtudes que más dichoso hacen al mundo y las fallas que más nos transforman con redundante vicio casi en lastres sociales. El caso es que Carmina es egoísta, y aunque podríamos atenernos a lo que comentábamos sobre las personas decentes y recurrir al eufemismo de que tan sólo se comporta de tal forma que hace gala de ese defecto sin que ello englobe la totalidad de su ser, la purita verdad es que lo usa con tanta frecuencia que lo espontáneo es sin duda atreverse a emitir ese juicio de valor sin sentirte por ello mínimamente culpable. Por otra parte no hemos de caer en la tropelía de aislar a esta mujer de más de setenta años, delgada como una estaca, exalcohólica -con todas las aversiones sociales que ello conlleva para sí misma y para el resto de mortales- y afectada con excesiva proximidad y prolijidad por un ictus que la ha atado a una silla de ruedas, de su contexto, pasado y realidad vital que la hacen gozar de un genio de mil demonios sin un alma que condenar.
