De profundis

     Ay madre cuánta gente… pero si he venío pronto y con estas ansias esperando vete tú a saber “¿A qué hora abren?” “¿Quién es la última?” A las cinco y media casi una hora queda qué ganas de llorar a esas dos de ahí las conozco del patio seguro que ellas a mí también Me están mirando ay madre qué vergüenza 

     Bufff una hora seguro que también me han conocido si estoy aquí a ver si os creéis que es por gusto Ea nene nene ea qué feo que está el carrito que van a pensar que no estoy pendiente de mi niño No que no le digan nada a las asistentas por Dios si está delgadito es porque no tengo leche pa’ darle… ya quisiera yo ay madre mía como digan de quitármelo “¿Y hay que esperar mucho? ¿Ayudan o no?” Depende me dicen A quien quieren tienes que venir sucia y ponerte pesá “Pues una vecina me ha dicho que han ido a su casa, un chico joven y una mujer más mayor y le han atendío mu’ requetebien” “Claro, será de esas a las que les pagan siempre el recibo de la luz. Porque lo que es a mí…” Esta es de las Cortés pero si están aquí también too el día que lo sé yo de buena fe y ahora se me pone a llorar el crío Ea ea tchi tchi… más angustia pa’l cuerpo si es que come tan poquito “¿Cuántos años tiene?” “Es mu’chiquito toavía. Catorce meses” Qué caló hace aquí esperando entre el sol y los nervios me voy a derretir “Pues dentro también hace una caló pa’ cagarse. Oye tú, que acabas de llegar, ponte a la cola so lista. Y en la oficina ya ni te cuento que como entre antes alguna así espesilla a veces hay una peste…” 
     Qué miedo lo del niño Nunca han dicho las asistentas ná de llevárselo si es que no tengo qué le hago y el padre con el bicho y por ahí tirao Me voy a ir me parece pero es que no tengo ni pa’ hoy “¿Y te ayudan hoy mismo si lo ven urgente?” “Ay, urgente, si estamos aquí todas será por algo, ¿no?” “Algunas dicen que las han dao dinero en la oficina y salen mu’contentas, pero ellos nos dicen que aquí no dan nada nunca y que antes tienen que venir a visitarnos a la casa” De esta gitana también me suena la cara Del mercaíllo Y está aquí pidiendo si está toos los fines de semana en el puesto Pero algún papel pedirán pa’ lo de la tarjeta del Economato si no… “El conomato no lo abren ya hasta setiempre. Ya ves tú, y mientras ¿nos murimos de hambre o qué?” Pues bien gordita que se la ve pa’ pasar tanta hambre y con los oros bien colocaos “¿Y a casa pa’ qué vienen?” “Pa’ chismorrear” “No seas así. Dice esas cosas porque está desesperaíta, pero cuando vienen a la casa no se ponen a mirar por aquí y por allí. Se sientan contigo y si les explicas las cosas bien explicás hasta tristes se te ponen. Que se les ve mu’ buena gente, pero no pueden ayudar a to el mundo. Tú fíjate las que estamos hoy, y ayer por la mañana también abren” 

De Profundis by Pergamina

De Profundis by Pergamina


     Me están subiendo los colores qué corte tener que venir por primera vez y aquí esperando tanto rato “Hale, ahí vienen ya” “Buenas tardes” “Buenas” Pues a mí me parecen agradables y mira cómo nos sonríen y todo no sé si dejar el niño fuera con la vecina pa’ que no me pregunten qué ganas de llorar Si es que no me van a entender y con tanta gente que entra los voy a aburrir con mis cosas ay que se me están saltando las lágrimas Como me ponga así es que me conozco y no voy a poder ni explicarme 

     Bufff vaya bochorno en la salita al entrar qué mal me salgo fuera y casi mejor no angustiarme más escuchando a esta gente opinando de tó y cada una según le va Ea, ea al menos ya ha dejao de chillá el Raulito y ha pasao la primera mu’ dispuesta que va como si se conocieran de toda la vida “Buenas tardes, Salud. Pero si viniste la semana pasada; otra cosa distinta no te vamos a poder decir” Me veo hasta encorbá y to de la pena ahora mismito vuelvo a la sauna esta “Salgo un momentito con el niño que hace mucha caló. Guardadme la vez, por favor” Cuántas me quedan seis antes que yo y que no se enrollen No me van a ayudar que lo sé yo como mi marío está to el día enganchao… pero qué culpa tengo yo madre

     En la sala no hay rocío que refresque la ansiedad seca y firme que habita los huesos y la mente de Paqui. Ha pasado cerca de una hora desde que con menos angustia de la que ahora carga se acercara a las verjas oscuras y derretidas de la oficina de Cáritas. Una hora de desesperados monólogos e inquietos sentires. Una hora de insegura presencia con la esperanza cada vez más alejada de su alma. Acaba de salir la mujer que la precedía en su agotadora espera. “Que no me vean llorar por Dios, que va a ser peor y más vergüenza me va a dar”. Atraviesa la puerta y con la cabeza agachada apenas es capaz de exhalar un inaudible buenas tardes. “Buenas tardes”, le responden con dulzura, “me llamo M; ¿y tú? ¿Es la primera vez que vienes, verdad?” Paqui alza la mirada y observa un rostro cansado, pero amable. Se repite internamente, una y otra vez como un mecánico martilleo de conciencia, que no va a llorar, que sería un desastre. Le tiemblan los labios y siente humedecérsele los párpados. Entonces explota y un reguero de lágrimas rotas se clavan en sus mejillas. M la está mirando con su rostro amable, comprensivo, con los ojos tristes.

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De profundis por Rafa Poverello se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

«Memory of the Camps» (1985)

51zJc-qhw7L     Varios meses después de que Alfred Hitchcock abandonara Inglaterra para aventurarse en la selva de Hollywood alguna voz se alzó para poner en entredicho la implicación de algunos artistas del Reino Unido con el conflicto bélico que se estaba desarrollando en toda Europa y que había afectado de manera extraordinaria a las islas británicas. Hitchcock fue uno de los directamente señalados mediante el epíteto poco lustroso de director regordete. Lo que pocas personas saben es que en 1944 el director británico (posteriormente nacionalizado estadounidensse) regresó a su país natal por petición de su amigo, el operador y director del Ministerio de Información Británico Sidney Bernstein y colaboró activamente en sustentar y apoyar la causa de la resistencia francesa con la realización de dos cortometrajes: «Bon Voyage» y «Aventure Malgache», de resultado interesante pero irregular.
 

     Poco después, en 1945 y también por deseo expreso de su amigo Bernstein, fue uno de los máximos responsables del documental F3080, que se estrenó en TV en 1980 con el título «Painful of Reminder» y no se reelaboró de forma definitiva hasta 5 años después bajo el nombre de «Memory of the Camps». Aunque Bernstein fue el único nombre que apareció como director al ser quien visitó los campos in situ, fue Hitchcock el autor del montaje de las secuencias, la narración y de la estructura del guión, dando varias pautas fundamentales para hacer de este filme una experiencia inaudita y escalofriante. En primer lugar insistió en rodar los alrededores de los campos: las granjas cercanas, la felicidad de sus gentes, su inopia ante la realidad inocultable, así como las pertenencias de las víctimas, que de manera magistral también usaría Spielberg en «La lista de Schindler». Del mismo modo, para evitar que se les acusara de manipular las imágenes que podían resultar imposibles de creer, optó por tomar planos y secuencias largas y panorámicas de los campos de exterminio y grabar escenas de los oficiales y soldados nazis cargando con los cadáveres de sus víctimas y depositándolos en los camiones y las fosas comunes.
     Como es evidente de comprender, el resultado es tan espeluznante como sobrecogedor y las autoridades aliadas se negaron a emitir semejante documento acogiéndose a lo perjudicial que podría ser para el inmediato proceso de paz (que nunca fue tal proceso pues se desmembró Alemania con nefastas consecuencias a largo plazo).
 
     En su estreno muchas personas se negaron a verlo, y aún hoy día es muy probable que decenas de espectadores decidan no hacerlo y lo abandonen a la mitad, pero más allá de la crudeza de muchas de sus escenas el documental es una verdadera memoria colectiva de la brutalidad y pasividad a la que puede llegar el ser humano. Es ciertamente difícil llegar a dirimir hasta que punto se guarda la dignidad de los prisioneros, mostrando sus esqueléticos cuerpos desnudos, desnutridos, fantasmagóricos… si se rompe el finísimo hilo de la moralidad y la humanidad con las imágenes, si olvidan las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, pero no parecen pretender los directores otra cosa que mostrar algo que jamás debiera repetirse: «A menos que el mundo aprenda la lección que estas imágenes muestran la oscuridad volverá», narra Trevor Howard en las últimas líneas del filme. 
 
     Ciertamente no hemos aprendido, y lo sorprendente no es que lo documentado sucediera sino que los propios rusos usaran los mismos campos para sus prisioneros de postguerra y que similares crímenes en masa hayan vuelto a repetirse en Yugoslavia, Ruanda, Kurdistán… Torpes que somos.
 
     Para quien se atreva, un pedazo de hiel…
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Paraíso distópico

Fahrenheit 451 by discogangsta

Fahrenheit 451 by discogangsta

     La habitación 101 está vacía y yerma; brigadas de bomberos no irrumpen en los salones a altas horas de la madrugada rastreando anaqueles como adiestrados sabuesos ausentes de alma y con las armas bien dispuestas a 451 grados Fahrenheit; en un principio catódico tampoco la hipnopedia indujo al inocente sueño de infantes. 

     No. 

     No hizo falta un Gran Hermano que observe; ni cuerpos especiales que transformen la libertad de los libros en cenizas; ni manipular la esperanza desde la natividad a golpe de cerebros lobotomizados y opiniones ajenas. No se hicieron necesarias sutilezas ni sobrehumanos esfuerzos a fin de cimentar un mundo feliz, de usurpar el derecho inalienable, de convenir la ruptura inmediata entre Consejo y los proles. 

     Las sociedades ideales y tan paradójicamente imperfectas maquinadas por las mentes lúcidas de Orwell, Huxley o Bradbury en la primera mitad del siglo XX, y que fueron invento febril de un presente caótico y un futuro nada halagüeño, han hallado un cumplimiento y un desahogo en tal forma y contundencia que ni los propios autores hubieran sido capaces de idear y extraer de su pluma. Este nuevo y real paraíso distópico para quienes ostentan la autoridad con brazo de hierro y con leyes de plomo hubiera sido tan inviable de creer que rellenaría las estanterías de política-ficción en cualquier librería o biblioteca hace apenas un cuarto de siglo.
     Fulanito, ciudadano de a pie con escasos ingresos, decide solicitar a su banco de confianza (manido concepto) un préstamo hipotecario; el banco, muy ducho en materia de trabucar el deber en base a sus propios y turbios intereses, aparte del consabido aval que asegure poder embargar los bienes a alguien solidario con los males de otros, le exige unas comisiones y un procedimiento abusivos e incluso ilegales para la Unión Europea. No obstante, si el tal Fulanito deja de pagar la susodicha hipoteca comienza el proceso de desahucio y se pergeña el acoso y derribo del ser humano impotente a manos de una orden firmada y enviada por un juez a los cuerpos de in-seguridad que ejecutan el varapalo, consintiendo entre todos como norma suprema que la casa sujeta a debate pase a propiedad de la entidad financiera y se apulgare casi siempre en tierra baldía de nadie, y conduciendo sardónicamente al desesperado infeliz, en innumerables y hasta silenciados casos, a abrazar idéntico final al de Bernard Marx. El banco en cuestión, el juez que ordena y la mano firme que ejecuta se van de rositas tras realizar desde el propio inicio de la secuencia variados y variopintos actos de flagrante ilegalidad. En este supuesto sí parece ser considerada inapropiada aquella máxima escuchada hasta el hartazgo por los pobres e iletrados de que “la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento.” Paraíso distópico.

     Zutanito, persona de moral distraída y director de vete tú a saber qué caja de ahorros de Madrid, es imputado por un juez justo -curiosa y casi arbitraria asociación- por delitos de apropiación indebida, falsedad documental, etc etc en virtud de los cuales decreta su prisión incondicional; la Fiscalía del Estado, de quien ha de suponerse que defiende estoicamente la más absoluta legalidad, opta entonces por solicitar la libertad bajo fianza del banquero al no existir riesgo de fuga mientras decenas de Zutanitos, con ínfimas posibilidades reales para huir de un país que también es suyo revientan sus huesos secos de pobres Lázaros en celdas pertrechadas de inmundicias y sin un perro flaco que les lama las heridas. Ordalía para los pobres. Y paraíso distópico 2.0.

     Menganito, desde su inviolable guarida como señor oscuro de Mordor, con la responsabilidad contraída y olvidada tras ser elegido por los seres disfuncionalmente libres cada cuatro años que creyeron en sus falacias electoralistas, no sólo ha incumplido con metódico e ideado proceder gracias a la vehemencia del nuevo Minver todas las promesas que le condujeron a habitar la torre espigada de Barad-dûr, sino que una pléyade administrativa de menganitos y zutanitos convenientemente adiestrada legisla, decreta, sanciona, recorta, obliga… sin que ni el delicado Céfiro logre que una sola de esas normas establecidas por los adustos Próceres y destinadas a los fulanitos de a pie les rocen siquiera con la punta de los dedos. Paraíso distópico 3.0.

     La habitación 101 está vacía y yerma, no hace falta vender miedo a quién ya tiene de sobra, pero también es al miedo al que invoco; al miedo de convertirnos en modernos hombres-libro y de vernos obligados a memorizar pasajes de Nabokov, Steinbeck, Bukowski porque sus obras han sido devoradas desgarradoramente por el fuego y a compartirlas a escondidas aun a riesgo de ser lanzados nosotros mismos a la hoguera como anunciara Heinrich Heine*. “En ese mundo no estaré en paz. Y sin paz, nunca.”**



* “Allí donde se queman libros se termina quemando también personas”
** Pyassa (Guru Dutt, 1957) Licencia Creative Commons
Paraíso distópico por Rafa Poverello se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
Basada en una obra en http://indignadossinparaguas.blogspot.com.es/2013/06/paraiso-distopico.html.

Mario Benedetti

:icondaviddurangarcia: Retrato de Mario Benedetti by daviddurangarcia

Retrato de Mario Benedetti by daviddurangarcia

     Pensaba derramar decenas de letras acerca de Benedetti, el anciano venerable de mostacho interminable y sonrisa franca. Hablar de su encarnada política, de su exilio, de sus premios e incluso de sus colaboraciones con músicos como Nacha Guevara, Daniel Viglietti o películas como “El lado oscuro del corazón”.

     Entonces razoné de verdad, haciendo efectiva la realidad de que a nadie le resulta desconocido el ilustre poeta y escritor uruguayo, que a tantos les emociona como a tantos les repele. Pensé que Benedetti es emoción primera y tardía, que cargado desde siempre de fake, de poemas atribuidos o modificados que en realidad no eran suyos o no de esa manera y forma, como ya pasara con otros grandes autores también marcados por filias y fobias (García Márquez uno de ellos sin duda). Que su mayor culpa deba ser quizá que se le entiende y un poeta popular y comprensible, cuyos versos escribimos desde adolescentes en las carpetas de apuntes (“Hagamos un trato”, “Te quiero”…), no puede ser bueno, o al menos no al nivel de otros.

     Y me paré. Y decidí no escribir más de lo ya compartido. Y copiar sólo un poema. Y preguntar, a quien lea: ¿por qué odias o adoras a Benedetti? ¿Qué poema te llevó a ese extremo? ¿Te es dulce o vulgar su voz?

     Prometo con toda solemnidad que aquellos poemas que os emocionaron u os hicieron sentir y vibrar las cuelgo en esta entrada, con cariño, con la ternura que siento hacia un poeta (bueno o malo, qué más da) que me hizo amar los versos.

No te salves

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si 
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.