
Art Spiegelman (2007)
Dejándome vencer por el éxtasis (y no me refiero a la droga de diseño, aunque bien podría ser debido a los efectos que en mí produce su lectura) rescato para los amantes de la buena literatura, porque eso son los buenos cómics, «Maus», una obra imprescindible e imperecedera y un cambio radical en lo que significó la animación para adultos a principios de los 80. Sin ninguna duda el mejor cómic contemporáneo que he tenido la suerte de leer (y no me olvido de otras buenas muestras de género como son «The Sandman», «Watchmen» o «From Hell»).
El historietista estadounidense de origen sueco Art Spiegelman, proveniente del mundo underground y cuyos padres, unos judíos polacos, sobrevivieron al exterminio judío sucedido en el campo de Auschwitz, nos regala un golpe de realidad con una novela gráfica autobiográfica, dividida en dos partes que actualmente se publican en un solo tomo y basada en las ingratas experiencias narradas por su progenitor, protagonista absoluto de la obra.
Más allá del apartado gráfico, cuyo dibujo y estilo naif sirven de manera magistral a la narración y le confiere un maravilloso contrapunto, con unos medidos juegos de sombras de carácter expresionista y una exquisita estructura narrativa, Spiegelman demuestra un gran sentido del ritmo gráfico y para el diseño de viñetas otorgando a la historia de una durísima sensibilidad y de una metódica cohesión entre dibujo y guión. De igual modo no se puede obviar la certera decisión del autor de utilizar grupos de animales como símbolo de lo que es evidente, antes y en otras latitudes sigue siendo ahora (judíos-ratones/nazis-gatos) y que ha sido repetido con posterioridad hasta la saciedad.
«Maus» supuso un antes y un después en la novela gráfica para adultos y en la forma de enfocar el diseño y el uso del dibujo y su influencia en el cómic posterior y en escenas y estructura de determinados filmes sobre el holocausto como «La lista de Schindler» son más que evidentes. Una obra casi perfecta, que trata con finísimo enfoque y ausencia de demagogia un tema demasiado trillado para la generación presente, pero que muestra con sequedad indignante (muy al estilo de lo que lograra hacer con anterioridad y terrible normalidad Levi en su novela «Si esto es un hombre») lo que nunca debiera haber pasado y que no ha impedido sucesivos holocaustos.
Por si no queda claro: un magnífico regalo para estas fechas.

Viñeta de Maus
Dicen con toda razón las personas decentes que no es de rigor catalogar a los semejantes como si fueran paquetes de pan de molde, pero bien es cierto de igual modo que los seres humanos somos de alguna manera nuestro carácter, con sus habilidades gozosas y aquellas libidinosas, con las virtudes que más dichoso hacen al mundo y las fallas que más nos transforman con redundante vicio casi en lastres sociales. El caso es que Carmina es egoísta, y aunque podríamos atenernos a lo que comentábamos sobre las personas decentes y recurrir al eufemismo de que tan sólo se comporta de tal forma que hace gala de ese defecto sin que ello englobe la totalidad de su ser, la purita verdad es que lo usa con tanta frecuencia que lo espontáneo es sin duda atreverse a emitir ese juicio de valor sin sentirte por ello mínimamente culpable. Por otra parte no hemos de caer en la tropelía de aislar a esta mujer de más de setenta años, delgada como una estaca, exalcohólica -con todas las aversiones sociales que ello conlleva para sí misma y para el resto de mortales- y afectada con excesiva proximidad y prolijidad por un ictus que la ha atado a una silla de ruedas, de su contexto, pasado y realidad vital que la hacen gozar de un genio de mil demonios sin un alma que condenar.

