«Malditos los que vienen en nombre del dolor»

    Mañana, en una hora cercana al mediodía, podría apostar la cabeza sin demasiado riesgo de perderla a que Rajoy, Soraya, García-Margallo asistirán como buenos católicos del cumplimiento (cumplo y miento) a la misa del Domingo de Ramos. Al tiempo que los habitantes de Jerusalén, sacarán ramas de olivo y extenderán su mantos para recibir a quien viene en el nombre del Señor: Jesús, Hijo del Hombre, cuya vida y muerte fue reflejo de la lucha por los desvalidos, los excluidos, los que necesitaban el apoyo que le negaban las instituciones. Rajoy, Soraya, García-Margallo, en esta Europa más farisaica que católica, puede que escuchen compungidos en mitad de la eucaristía la pasión y tortura a la que los poderosos de entonces sometieron a aquel en quien dicen creer o tener fe. A Hollande lo puede salvar de la incoherencia su agnosticismo, no su ética, a Merkel y a muchos otros desde luego que no los rescata de la quema ni el santo que los fundó.

    Antes de esa hora, las doce de la mañana, los países que gobiernan estos grandes de las naciones, en lugar de dar la bienvenida ataviados de mantos y palmas, expulsarán con repugnancia y cajas destempladas a aquellos que vienen como extranjeros en nombre del Señor, a los desvalidos y excluidos, a los que necesitan ese apoyo que se les niega.

    No puedo sentir un asco mayor: “¡Malditos los que vienen en nombre del dolor!”, decís a boca cerrada. “¡Id al fuego eterno, hijos de puta, reservado para el diablo y sus ángeles!”, escucho responder, “porque lo que le hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños a mí me lo hicisteis”.

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Lepper Messiah by SuperPistaxito

¿Nos duele?

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Pain by BlackSnoopy

     “Señor, nuestro mundo gime, cargado de heridas.
     Duele la guerra provocada entre países pobres.
     Duele el hambre, la injusticia, la incultura…
     Duelen los inmigrantes, refugiados, parados y excluidos…
     todos los que tienen sus derechos pisoteados
     y no cuentan en esta loca historia nuestra”.

     Alrededor de una alargada mesa de madera, sentados cómoda e impávidamente en unas sillas de plástico, con el folleto de la celebración en la mano y escuchando -u oyendo al menos- la oración. Así estábamos, más frescos y saludables que el plato de alubias blancas con maíz y cebolla que frente a cada uno de los comensales debería de servir de única cena en aquella noche de, en repetidas ocasiones, puntual solidaridad con quien suele irse a diario al catre con un tesito o una mano delante y otra atrás.

      No suelo ir yo al médico. Igual que la mayor parte de la peña que conozco. A menos que la cosa no mejore por sus propios medios -o con algún que otro remedio natural en mi caso- prefiero aguantar las molestias, su incomodidad, antes que llevar a efecto el esfuerzo ínclito de pedir cita, perder el tiempo y luego tomarme lo que me digan sólo hasta que crea que ya ha hecho efecto, por más que digan eso de que los antibióticos hay que tomarlos en la dosis y el tiempo convenidos. Algún que otro hipocondríaco conozco, no voy a negarlo, de esos sufridores que creen tener cada una de las enfermedades existentes en el planeta y en el resto de galaxias, que a todos nos hacen mártires pues con un simple escozor acuden el especialista que se las pelan no vaya a ser el comienzo de una enfermedad venérea.

     Pero lo normal -si se me permite la boutade de emplear tan abstruso término- es esperar. Porque no duele y, como no duele, sólo supone incomodidad y molestia, no se hace necesario liarla parda ni buscar soluciones. Sigue leyendo

Solidaria Navidad

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Solidarity of Winter, por FramedByNature

A las personas refugiadas
a las migrantes
a las excluidas
a quienes viven al margen
a los gays y a las lesbianas
a las mujeres maltratadas
a los niños esclavos que no dejarán de trabajar o portarán una metralleta en vez de un libro

a los perseguidos por anunciar la justicia
por denunciar la injusticia
a los malditos que debieran ser benditos
a quienes se cansan pero siguen en la brecha
a la intrahistoria
a los políticos dignos -y coherentes- si los hubiera…

a los hombres y las mujeres de bien.

«La noire de…» (1966)

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Ousmane Sembene, por el FCAT de Córdoba

     Hay autores que desde el primer zapatazo sientan cátedra, y con tal autoridad que durante el resto de su existencia ya ni su vida ni su obra pueden prescindir de determinada magnitud.

    Ousmane Sembene, escritor, director y activista senegalés puede presumir de ello, aunque nunca lo haya hecho. Desde su primer film, “La noire de…” (1966), del que hablaremos largo y tendido, hasta el que dio fin a su filmografía, “Moolaadé» (2004), un contundente alegato contra la ablación femenina, Sembene ha mostrado un metódico compromiso a favor de los derechos humanos que, desde luego, en nada le ha impedido a lo largo de su carrera convertirse en uno de los directores africanos más influyentes.

    Lo dijimos en estas páginas este mismo año al hablar del director mauritano Abderrahmane Sissako, pero no huelga repetirlo: “La noire de…” supuso una total ruptura con el concepto de cine negro en todo el continente africano, especialmente en el África Subsahariana, siendo Sembene el primer director de color y rodando pues desde un análisis alejado del concepto de ‘negritud’ -siempre desde el punto de vista de los colonizadores, por muy solidarios que fuesen- que aparecía en todo el cine anterior. Sigue leyendo