«Ilustres e ignoradas»

Es necesario

Es necesario
revertir el hechizo.

Ese,
que borra a las mujeres
de los libros de historia,
de las esferas de poder,
de las antologías.

Ese,
que las encierra
entre cuatro paredes,
con solo
colocarles un anillo.

–Guisela López–

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Ilustres e ignoradas

Índice

Cosas que los hombres nunca oiremos (y por tanto es un privilegio)

    Soy consciente de que no todos los varones, ni mucho menos, van a ser capaces de entender cada viñeta. Seguro que el 99% de féminas, sí, aunque técnicamente debería de ser un cuadernillo de micromachismos para hombres.

    En fin, que así lo viven ellas y así lo sentimos algunos. Este cuadernillo está plenamente abierto a ampliaciones, solo basta que alguien me diga una frase para que la dibuje y la mete en la versión 2.0 y siguientes.

    Un abrazo veraniego, de manera muy especial a los no machotes alfa que tratan de vivir otras masculinidades, y a todas las mujeres que aguantan a los machotes alfa de comunes masculinidades.

     Puedes descargar el pinchando sobre el título o la imagen.

      Cosas que los hombres nunca oiremos

No quiero ser mujer

    Antes de ir al asunto, no vaya a ser que me lluevan piedras, puedo asegurar que el título de esta entrada no tiene que ver con la misoginia ni nada que se le parezca. Más bien al contrario, se debe a una propia limitación mía: la de un ser asocial que si tuviera que estar todo el puñetero día sujeto a las críticas, opiniones y/o aprobaciones de su conducta por parte del resto del mundo (de manera especial del 50% de la población que no es fémina) no iba a sobrevivir a pasado mañana.

    Me explico, con un detalle que puede parecer una memez comparado con el resto de juicios de valor a los que se ven sometidas las mujeres decenas de veces al día, pero que es sintomático de que hagan lo que hagan todo debe de ser regido por el harto conocimiento y las directrices del casto patriarcado.

     La semana pasada a una mujer de la residencia (secundada inmediatamente después por su marido y compañeros de mesa) se le ocurrió decirle a una compañera de trabajo que no tenía respeto ni educación por su forma de vestir, inapropiada y a todas luces corta para desempeñar la función que debía desempeñar. Que me disculpe quien tenga interés, pero no voy a perder un segundo de mi tiempo explicando ni en lo más mínimo cómo iba vestida, que a todo el mundo debería de importarle un carajo, aspecto que quedará cristalino en el contexto contrario al que haremos referencia en la segunda parte de este escrito. La pareja de marras y sus compañeros de mesa tienen entre 85 y 90 años y no vamos a pedirle peras al olmo, pero al día siguiente por la mañana, recibo un correo de una de sus hijas pidiendo explicaciones de lo que había sucedido (poniendo adjetivos incluso más reaccionarios como «el debido decoro») y que esperaba que no se volviera a repetir. Tampoco voy a abusar de vuestro tiempo compartiendo cordialmente lo que le contesté a esta señora, de mi misma edad, y cómo le indiqué, también con infinita y paciente cordialidad, dónde podía meterse sus opiniones sobre el vestuario de las compañeras de trabajo. Continue reading

Ángeles

     A veces cuesta, no insultar, no cagarse en la nación de mucha gente que más asco no pueden dar. Cuesta contenerse, y eso que yo, aunque puede que me valga una pedrada y que nadie siga leyendo esta entrada, soy de los que tienen dudas de que el asesinato de Samuel se llevara a cabo por su condición sexual. Que no digo que no, y que es una burrada que de entrada se descarte esa posibilidad como hizo al principio la poli, que sí que ve delito enseguida en un tweet metiéndose con el jodido rey ladrón de los cojones, pero simplemente tengo algunas dudas.

     Cuesta tratar de no llevar al plano subjetivo cada burrada que ves, cada injusticia. Sí, cuesta no mearse encima de determinadas opiniones que lo único que hacen es restar derechos y tratar como gente de segunda a decenas de miles de personas por su raza, por sus pelas, por amar a quien no consideramos oportuno amar. Hay que ser muy gilipollas y tener la capacidad de raciocinio y de reflexión de una ameba.

    Una amiga se va a morir, más pronto que tarde. Tiene esclerosis múltiple desde hace una barbaridad de años y pocos meses atrás le diagnosticaron cáncer de colón. Se negó a tratarse, con toda la dignidad que esa decisión lleva consigo, y el equipo médico le dio cuatro, cinco días de vida el viernes pasado. Se llama Ángeles mi amiga, y es difícil que la casualidad acierte tanto en un nombre. Ha sido siempre un ejemplo de ganas de vivir, de gozar el presente, de la situación por jodida que se presentase. Sonrisa cuasi perenne, guasa generalizada, porros cuando era necesario para el dolor. Una libertad de las de verdad, no de esas con las que se nos llena la boca como una ayusada divertida que lo que dan son ganas de escupirle en un ojo por no saber ni de lo que habla.

     Ángeles tiene mi más profundo respeto, desde siempre, mi cariño, mi ternura… pero su compañera, Mercedes (ambas conviven desde hará alrededor de veinticinco años), a quien primero conocí hace casi treinta y cinco, no me atrevería a decir que más, pero seguro que el mismo cuanto menos. Realmente no hay palabras firmes capaces de describir la fidelidad, el compromiso, la entrega, la tarea ardua y fatigosa de los cuidados… No hay nada con qué demostrar, sin renunciar a la mayor parte de la dura verdad diaria, el amor que estas dos mujeres se han mostrado y se siguen mostrando hasta el último hálito de vida. Da igual sus caracteres tan compatibles como contradictorios, los cabreos, la inquietud, el «estoy hasta el chichi de llevar meses sin dormir…»

     Luego viene el listo o la lista de turno, desde su púlpito, su estrado, su red social, aportando a la comunidad que esto no se puede llamar matrimonio, minimizando determinadas relaciones, sacrificios, desvelos y añoranzas, que no son como las otras, las normales. Porque tú lo digas, subnormal (con perdón para las personas con diversidad funcional), imbécil, descerebrado, inane, chambón, incapaz, ignorante, contumaz, vano, arbitrario, tendencioso.

     Joder, si cuesta no insultar.

     Te quiero, Ángeles, te quiero, Mercedes. Muchas gracias por todo, absolutamente.