La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad

     Comentaba la semana pasada en este mismo espacio que, por temas relacionados con la humanización de la atención, en nuestra residencia de mayores habíamos decidido hacer oídos sordos al apartado de la Orden del BOJA del pasado 1 de septiembre que obligaba a que un nuevo ingreso pasara sus primeros catorce días de «adaptación» en cuarentena: es decir, aislado, sin actividades grupales y sin relación directa con su familia, entre otras lindezas.

      El caso es que justo el jueves pasado tuvimos un ingreso y, tal y como valoramos con sus pros y sus contras, pasó a observación, pero sin aislamiento, compartiendo espacios comunes y actividades con el resto de residentes, porque venía de su casa, sin salir y con la PCR negativa. Como parece ser que en el Centro de Salud de zona andan bastante preocupadas por el bienestar de las personas mayores, la enfermera encargada de la evolución de la COVID-19 nos preguntó por el aislamiento del nuevo ingreso; nuestro enfermero le explicó la situación y la decisión tomada en equipo. Ante tal desfachatez, la enfermera, en un inusitado ataque de deber cívico, se puso en contacto con la directora para advertirle de que la decisión era de la residencia, pero que si sucedía algo la responsabilidad era también nuestra y, particularmente, de ella como representante legal de la entidad.

      A mí me cuesta bastante ser políticamente correcto. Iba a decir que posiblemente porque no soy el director, pero lo fui de otro centro y tampoco llamaba mucho la atención por callarme lo que pensaba. Es curioso cómo repartimos las culpas. Se me ocurrieron varias cosas sobre la marcha según me comentaba una compañera la frase de marras, soltada con una absoluta falta de sensibilidad, empatía y asunción de obligaciones por parte de Sanidad. Por ejemplo: Sigue leyendo

Juega, pero no te manches

       No me cabe la menor duda de que una parte nada despreciable de aquellas personas que están leyendo esta entrada, cuando eran pequeñas sufrieron en sus carnes la invertebrada e involuntaria crueldad ejercida por las madres después de preguntarle con una inocencia casi estúpida si podías ir a jugar con tus amigas a la zona de los columpios. La madre, reflexiva, sentada en uno de los bancos del parque, se dirigía entonces a nosotras, con cara de mediana angustia, y soltaba aquella frase, repleta hasta las trancas de incongruencia, aunque no lo sería tal para ella:

       –Vale, ve a jugar, pero no te manches.

     Como apenas tendríamos seis o siete años nuestra capacidad de raciocinio era bastante limitada, pero es más que probable que nos parásemos un momento delante de la persona que con tanto sacrificio nos había dado a luz con el casto objetivo de intentar cuadrar aquellas dos partes de la oración que parecían de imposible cumplimiento a la vez. Como solo nos preocupaba jugar, nos largábamos, sin pensar mucho más y, obviamente, regresábamos al banco al cabo de un tiempo con los pantalones hechos un cromo y el polo Lacoste con tantas manchas de tierra que le costaba respirar hasta al cocodrilo de la pechera. Nuestra madre se enfadaba, porque no le habíamos hecho caso, pero claro, es que no se pueden tener dos cosas incompatibles.

     De esto me acordé la semana pasada cuando leí la nueva Orden de la Consejería de Salud y Familias de la Junta de Andalucía del 1 de septiembre de 2020, para la aplicación de medidas de prevención en materia de salud pública para responder ante la situación de especial riesgo derivada del incremento de casos positivos por COVID-19. Corto y pego dos artículos de esos de juega, pero no te vayas a manchar que te caneo.

Tercero. Modificación del apartado séptimo de la Orden de 19 de junio de 2020; la letra d) punto 6º: Todo nuevo ingreso o regreso deberá realizar cuarentena durante 14 días, durante los cuales se realizará vigilancia activa de síntomas por parte del personal del centro.

Mismo punto, letra h) El centro residencial deberá implementar un plan de humanización para paliar los efectos negativos que el aislamiento puede generar en la capacidad física, cognitiva y emocional de las personas institucionalizadas. Dicho plan debe contener, al menos, actividades para potenciar las relaciones sociales entre los residentes, un plan de ejercicio físico y mental para preservar sus capacidades y evitar el deterioro, medidas de apoyo psicológico, mantenimiento diario de las relaciones de los residentes con sus familiares haciendo uso de las nuevas tecnologías, potenciando las vídeo-llamadas para permitir la comunicación oral y visual entre usuario y familia.

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