Acerca de Rafa Poverello

Más allá de la falsedad del nombre, pues no soy pobre ni aunque quisiera en virtud del bagaje socio-cultural del que me es imposible escabullirme, mi espíritu anda de su lado, no porque sean buenos, sino porque se les trata injustamente.

Vladímir Vysotski

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The Wolves Of Chabriere by Oberon7up

     Me acordé de sus poemas con todo el temita -francamente desolador y fascistoide- de las respectivas condenas a Cassandra y Strawberry por algunos chistes de mal gusto. La vilipendiada libertad de expresión.

     Vysotski tampoco fue muy aplaudido en su U.R.S.S. natal, pero no es de extrañar. Era también demasiado chistoso y la ironía de muchos de sus poemas y canciones hacían gracia a casi todo el mundo menos a quien partía el bacalao.

     El artista polifacético nacido en Moscú fue una especie de mosca cojonera, popular e influyente en el pueblo y en la cultura rusa e ignorado metódicamente por el régimen. Algo de lo más habitual en este tipo de insectos si se puede no dar demasiado pábulo a su zumbido. Y si a uno le da por ser cantautor y poeta  en un país donde la industria discográfica está monopolizada por el estado con no publicar su obra ya está todo el pescado vendido. Sólo le dejaron ser actor, porque las frases ya venían escritas en el guión. Sigue leyendo

Certificados de candidez

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     Lo decía el cura de mi barrio, que era muy listo él: “quien a sí mismo se capa, buenos cojones se deja”.

     Un poco basto, vaya, pero es que el cura era de Obejo, y muchas analogías seguro que provenían de los pastores y esa otra gente de bien que sabe muy mucho de la vida aunque no haya cogido un bolígrafo jamás de los jamases.

     – Oye, ¿qué te parece si te pago 3.000 euros y ha cambio demuestras todos los años que soy la persona más maja del mundo, con datos y tal?

     – Guay.

     – Hecho. Pero si no consigues convencer a la peña, a finales de año ya contrato a otro, ¿vale?

    – No te preocupes. Ya eres la persona más maja del mundo, sólo hay que ajustar parámetros y así te vas a mantener toda la vida.

    Una memez, sí, gorda, que llega a unas cotas de cinismo sólo al alcance de algunas políticas sociales, europeas y estatales. Tan estúpida que sólo puede surtir efecto dentro de los parámetros organizativos de una sociedad neoliberal y de unos grupos humanos víctimas (o partícipes) de un sistema competitivo y capitalista, siempre al servicio del dinero y del poder.

    El jueves asistí a una jornada organizada por la Junta de Andalucía sobre la nueva Ley de Servicios Sociales, la del 27 de diciembre de 2016, en la que a media mañana se nos habló de los estándares de calidad. El nivel de desvergüenza que se nos ofreció durante la hora y media de charla hablando acerca de los beneficios y las innovaciones de esta ley, pionera en España, merece mención aparte, y ya descargaré mi indignación en una ocasión no demasiado remota, así que detengámonos un poco en ese otro aspecto tan deseado por propios y extraños llamado certificado de calidad. Sigue leyendo