Acerca de Rafa Poverello

Más allá de la falsedad del nombre, pues no soy pobre ni aunque quisiera en virtud del bagaje socio-cultural del que me es imposible escabullirme, mi espíritu anda de su lado, no porque sean buenos, sino porque se les trata injustamente.

Como del alma una rémora

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Anchor, by MichaelZinggda

Como del alma una rémora,
más que comensal, parásita,
y mayor lastre en el camino
que la amputación de ambas piernas.

Como un ancla hundida en el vientre,
que impide arribar a buen puerto,
inmóvil en medio del mar ,
sujeto a patente de corso.

No arguyo al deseo extático
que otorga tiempo a la razón
con beneplácita esperanza,

sino a la apetencia, perversa
y vil sometida a un impulso
tan primario que no da plazo.

«Sembradores de esperanza»

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Volunteers, by geralt

     Nuevo curso. Nuevas oportunidades de mejorar el mundo y dejarlo un poquito mejor que al curso anterior. Paz y fuerza, compis.

SEMBRADORES DE ESPERANZA

En un mundo tan harto de palabras
Hacen falta más sembradores de esperanza.
Con el corazón, el cuerpo y el alma
Entre tú y yo pongamos calma.

Quiero regalar un faro en el mar
A aquel que pide consuelo
Pues tiene miedo a volar.

Y voy a lograr hacer realidad
Lo que no ha de ser quimera,
Una tierra nueva de paz;
Vamos a andar.

En un mundo tan…

Quisiera perder mi tiempo en prender
De tu rostro una sonrisa
Que sea tu vida mi fe.

Y conseguiré a fuerza de bien
Que el odio desaparezca
Y no haya pena en la piel
De ningún ser.

En un mundo tan…

Ven, dame tu mano
No llames fracaso
A aquello que es tan sólo tropezar.
Hay un horizonte
Escrito con tu nombre
Sólo tienes que avanzar.

Concierto La Ingobernable

La Ingobernable

     Si la peña se moviera por los motivos que arrastran a las personas que pueblan y luchan un mundo distinto desde La Ingobernable se vislumbrarían con pasmosa efectividad otras opciones a este sistema capitalista donde lo que no está regulado está prohibido o sancionado.

     No son los malos, no, señores, apuntad a otro lado. Compartir, soñar, reír… no es delito. Por más que llegue la poli o la guardia armada.

     Comparto este tema: Héroes y villanos, que mucho tiene que ver con buenos y malos y en el que, desde el minuto 4:25, no es que tuviera un tic nervioso en los ojos, sino que vi llegar a un par de munipas y comportarse desde la calidad de su cargo: imponiendo y haciéndose los chulos.

     Y un abrazo especial a Revu, Zero, Fanta y Colegota, a quienes ya les puse cara. No, no son un grupo tipo los Teletubbies a pesar de los nombres. Son gente encantadora de GNUsocial, una red libre alternativa a Tuiter.

Mi bolsa de plástico

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    No, aunque pueda parecerlo claramente, la primera entrada del curso no va dedicada al medio ambiente, a la ecología o a los residuos tóxicos aunque fuera por aquello de la de basura que parece acumularse más en verano gracias a los turistas. No quiero crear debates sobre la turismofobia y la gentrificación.

     En realidad, voy a hablar de mi gato, Igor, y ya de paso, de las cosas que me hace pensar el felino.

     Igor es un minino gordito, negro, bastante vaguete y que sólo juega si le lanzas la bola a medio centímetro de su pata delantera. También es un gato vulnerable, el pobre, con cistitis crónica y que come un pienso que cuesta una pasta. Algún desaprensivo lo tiró de recién nacido a un contenedor, pero alguien escuchó sus maulliditos y le salvó la vida. Con menos de un mes me adoptó, porque el jefe es él, como todo amante y compañero de los gatos sabe muy bien, aunque en ocasiones se dispute el puesto con su hermano de leche Leo.

     Como en toda historia que se precie es bueno narrar un poco al inicio las características del personaje principal a fin de crear un vínculo: empatía u odio visceral, según interese. Está claro que mi interés gira únicamente alrededor del primer objetivo, aunque sólo el roce hace el cariño y en unas líneas no es muy viable conseguirlo.

     El caso es que hace un buen puñado deas dejé en el suelo de la entrada un envoltorio de plástico de unos rollos de papel para tirarlo a la primera ocasión que tuviera que salir a la calle. Igor se acercó a ponerle el hocico, asustado y huidizo, como suele actuar ante cualquier novedad, pero le puede más la curiosidad. Colocó encima las patas delanteras, luego las traseras, dejó caer su panza oronda y, hale, a dormir. Se tiró encima de la bolsa hasta antes de ayer, cuando la llevé al contenedor. Y la mar de feliz, se levantaba sólo para comer y para hacer sus necesidades.

     Puede resultar curioso para quien desconozca algunos de los comportamientos habituales de los felinos, porque es obvio que nadie obligaba a Igor a pasarse casi todo el día encima del puñetero envoltorio de 40×40. Y vivo en Córdoba, y era agosto. No hace falta ser un lince para imaginarse la calor (en femenino) que tenía que pasar la criatura acoplada ahí sin apenas moverse. Pero él tan tranquilo, relajado, ausente de estrés. De hecho cuando le cambiaba la bolsa de sitio iba detrás como en una procesión para ver dónde la soltaba. Sigue leyendo