Acerca de Rafa Poverello

Más allá de la falsedad del nombre, pues no soy pobre ni aunque quisiera en virtud del bagaje socio-cultural del que me es imposible escabullirme, mi espíritu anda de su lado, no porque sean buenos, sino porque se les trata injustamente.

«Esclavos del trabajo» (2018)

     Daria Bogdanska tenía alrededor de 30 años cuando le publicaron «Esclavos del trabajo», su primer y, hasta el momento, único cómic.

      Decir que es mujer, joven, polaca, punk y primeriza en esta faena de dibujar novela gráfica puede parecer un prejuicio, pero en una sociedad patriarcal, capitalista y poco dada a las sorpresas desagradables es difícil encontrar un solo motivo por el que no debiera henchirse de sano orgullo. Más aún con el temita de marras que trata en su primera obra, la explotación laboral (y vital en analogía) al que se ve sometida la clase obrera y de manera particular la población inmigrante y que se refleja a la perfección en el título y en una de las de las planchas de la primera parte del cómic que comparto a continuación.

      Y encima, la tal Daria, tiene la desvergüenza de basarse en su propia historia personal cuando con solo 16 añitos se mudó a Suecia y empezó a buscarse la vida y a recibir clases de cómics. ¡Con lo bien que funcionan los países nórdicos!

      El dibujo de Daria es básico, muy del estilo que nos regalara Marjane Satrapi en «Persépolis», pero al igual que ella, es capaz de transmitir a manos llenas todas las facetas sociales y personales de una chica que pone la justicia y la dignidad por encima de la necesidad y se siente incapaz de cerrar los ojos una vez que ha visto.

      P’alante, pasen y vean, y a no perderle la pista a la buena de Bogdanska.

 

«Ea, pues ya no juego»

    Parece ser que sí, que el año nuevo me está haciendo algo de caso en referencia a la petición de la semana pasada y algunos adultos están superando la etapa de los dos a cinco años. Lo malo, de momento, es que han pasado a la de seis a nueve: la de las rabietas, aunque queda mejor decir autoafirmación.

    Como pedir es gratis, lo que se me olvidó hacer en año nuevo lo dejo para los Magos de Oriente: que no olvidemos el poema/homilía del pastor protestante Martin Niemöller:

    «Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí».

    Ya van por los socialistas. Y lo peor no son las burradas, como amenazar al futuro presidente del Gobierno con llevarlo a los tribunales en caso de no saltarse las normas constitucionales y dejar a los tribunales ejercer su función, sino la normalización social de estas conductas, no ya antidemocráticas sino claramente propias de una dictadura. Obviamente, lo que desenterraron del Valle de los Caídos hace poco más de dos meses fue un saco de huesos, porque las ideas siguen más vivas que el rabo cortado de una lagartija (que vuelve y vuelve a salirle, todo sea dicho).

    Consecuentemente, toda esta vaina me recuerda a cuando jugaba al parchís de nene con mi hermano y demás familia. Mi padre tenía un motivo cojonudo para hacer trampas, porque es daltónico, pero eso de que de repente cambiaran las normas y «esto también es barrera aunque no estén en seguro», o «aquí se cuentan doce en vez de siete»… Al final, dependiendo de si la partida se desarrollaba con amigos o en la casa propia, siempre quedaba el recurso abstruso de «ea, pues me llevo el Scattergories (aunque entonces era más bien el Monopoly)» o «ea, pues ya no juego». Y se quedaba uno con un palmo de narices, porque si algo daba por saco era empezar una puñetera partida de Monopoly, que era más larga que un día sin pan, y que cuando ya estaba la cosa más que encauzada alguien rompiera la baraja porque se estaba quedando sin casitas. Así se relaciona esta gente de la derecha más rancia y reaccionaria: solo se mueve bien si gana, porque en caso contrario se inventa sus reglas y su sistema de gobierno, que siempre empieza por dicta y acaba por dura.

   Pintan bastos, por mantener la metáfora de las cartas, pero habrá que continuar cantándole las cuarenta a quienes siguen a pies juntillas las amenazas del texto de Niemöller, no porque la izquierda vaya a hacerlo mejor, sino porque no se pueden consentir rabietas con argumentaciones del nivel de un niño de siete años. A cortar rabos, aunque crezcan.

Adultos de dos a cinco años

     Cuando quedan contadas horas para que las campanadas atoren el sentido común durante un buen rato, siempre parece ser ese el momento idóneo para agradecer las cosas buenas que nos regaló, libre de dolo y culpa, el año que está a punto de despedirse. Me imagino a mi abuelo, o al obispo de Córdoba, tan católicos ambos, digo franquistas, dando gracias a Dios por los favores recibidos:

  • Por el auge de la ultraderecha

  • Por el buen hacer de Vox frente a un centro de menores durante la campaña electoral

  • Por Bolsonaro, la quema del Amazonas y el exterminio de los pueblos originarios

  • Por Trump, un hombre con todas las de la ley, que no salga adelante el impeachment

  • Por los negacionistas del cambio climático, por las luces de navidad y por Madrid Central

  • Por los pobres hombres maltratados por sus mujeres

  • Por España, una, grande y libre, a los pies de los caballos socialistas, comunistas y nacionalistas

      Yo, aparte de agradecer, y mucho, otras cosas (el criterio del Tribunal Supremo en la violación de la Manada/Piara, «el Estado opresor es un macho violador», las sentencias contra Deliveroo o Glovo, que Greta Thunberg no vaya al colegio…), voy a pedir solo una cosa, aunque lo mismo es bien gorda: que las personas adultas seamos capaces de superar la etapa infantil de entre los dos y los cinco años de edad. Sigue leyendo

Fiestas felices

     Cinco veces al día parece una discoteca la Calle Foro Romano, los momentos justos de los cinco pases reclamo de diez minutos cada uno. El resto de la noche parece simplemente un elogio al capitalismo, a la sociedad de consumo y a la negación/minimización de las consecuencias del cambio climático. A la contaminación lumínica de sus 556 000 puntos de luz (ecológicos) hay que sumar la acústica, que no es moco de pago, de una ingente cantidad de decibelios lanzados a mansalva al cielo eliminado de estrellas. 261 000 euros del ala, cuya inmensa mayoría ha sido desviada de otras partidas presupuestarias. Todo ello sin contar, aparte de otros gastos (no inversiones), a los miembros de la policía municipal que apostados están desde las 6 de la tarde hasta las 11 de la noche a ambos lados de la céntrica y comercial calle peatonal. Sumemos también, así a vuela pluma, los otros 286 000 euros del resto de alumbrado navideño de la capital o los 38 000 del mapping navideño que se proyectará en la calle Capitulares seis puñeteros días de todas las fiestas. No está nada mal la calderilla del consistorio para solo un mes largo del año (o varios días sueltos).

     También en unos seis días de este mes de diciembre tan festivo, alegre y dicharachero (los miércoles y jueves que llevamos para ser exactos) habrán pasado por la oficina de Cáritas alrededor de nueve o diez familias sin ingresos con el agua cortada (gracias al beneplácito de una empresa municipal, Emacsa, con todas sus letras) porque los servicios sociales les dijeron que no se la podían pagar. En fin, es que el alumbrado da de comer a mucha gente; no vayamos a caer en la idea pueril de comparar los 40 millones de euros anuales que factura iluminaciones Ximénez y el curro que le dan a 500 trabajadores con el aporte al bien social y al común de una gitana que lo único que hace es vender ajos de Montalbán, de manera ilegal todo sea dicho, a la puerta del Mercadona para poder dar de comer a sus hijos y nietos.

     ¡Qué tendrá que ver la gimnasia con la magnesia!, ¿no? A quien no lo vea no se lo puedo explicar, porque solo en la inauguración del majestuoso y grotesco alumbrado de Foro Romano el día 12 de diciembre a eso de las 17.30 estuvieron presentes más de 25 000 personas y en Cáritas nos resulta imposible acompañar entre veinte personas mal contadas a unas ciento y pico de familias.

     Pues eso, que Feliz Navidad.