Acerca de Rafa Poverello

Más allá de la falsedad del nombre, pues no soy pobre ni aunque quisiera en virtud del bagaje socio-cultural del que me es imposible escabullirme, mi espíritu anda de su lado, no porque sean buenos, sino porque se les trata injustamente.

John Donne

John Donne by Isaac Oliver

     Podríamos decir sin temor a equivocarnos mucho que John Donne, del mismo modo que la pulcra y percutora pluma de Alexander Pope, es casi un desconocido en nuestros lares. No obstante, este poeta inglés es sin duda un icono en su país natal, y el más grande autor entre mediados del siglo XV y principios del XVI.  

     Representante de la poesía metafísica, que se puede comparar acertadamente con el estilo del Siglo de Oro español, sin ningún género de dudas, Donne cuenta entre su amplia producción con uno de los poemas más conocidos por el gran público, aún sin conocer éste que su verdadero origen está en la pluma del inglés, y que curiosamente no es de lo más representativo de su obra, más centrada en los epigramas y la poesía amorosa y religiosa. Nos referimos al texto retomado por Hemingway al inicio de su novela «¿Por quién doblan las campanas?» y que comparto con grata complacencia:


¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?

¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?   

 
Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo. 
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.
Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.
 

Cine (I). Jorge Furtado

LA ISLA DE LAS FLORES 
Título original Ilha das Flores
AÑO 1989
DURACIÓN
 

13 min.

PAÍS
DIRECTOR Jorge Furtado
GUIÓN Jorge Furtado
MÚSICA Geraldo Flach
FOTOGRAFÍA Sergio Amon, Roberto Henkin
REPARTO Documentary, Luciane Azevedo, Júlia Barth, Paulo José, Gosei Kitajima, Ciça Reckziegel, Irene Schmidt, Takehiro Suzuki, Douglas Traini
PRODUCTORA Nora Goulart, Monica Schmiedt
PREMIOS 1989: Festival de Berlín: Oso de Plata (mejor cortometraje)
GÉNERO Documental | Sátira. Cortometraje
SINOPSIS Documental que muestra de forma satírica la cruda realidad de la sociedad brasileña de la época, la falta de conciencia, la miseria que lleva a la degradación del ser humano. Considerado uno de los cortometrajes documentales más importantes de la historia, ganador en Berlín y en otros festivales. (FILMAFFINITY)

Los indignados sin paraguas

the_indignant_movement_by_kevrekidis-d3hugs1

The Indignant Movement, por Kevrekidis

    Con esto de las medidas ante la crisis y la justicia social (dos términos radicalmente opuestos y en conflicto y evidente contradicción) han hecho su aparición pública dos tipos de indignados, los de verdad y los que tienen paraguas. Yo me hallo entre estos últimos, los de mentirijillas, digamos: me cabreo supinamente ante cada nueva barrabasada del des-gobierno de España, salgo rodeado de pancartas mostrando sin cansancio ni reparos mi malestar, cuelgo ‘pavadas’ en el muro de las redes sociales haciendo luz de aquello que se empeñan en ocultar entre tinieblas… Me pongo bajo la lluvia, vamos, adrede, sin necesidad, con dos cojones. El caso es que, en realidad, tengo paraguas, escondido, en casa, en la recámara.., donde Dios me dé a entender, pero lo tengo y sé que cuando ya esté hasta esas mismas partes que nombraba antes de mojarme puedo pegarme un saltito e ir a por él. Muchos tipos de paraguas tengo/tenemos, de algunos de ellos podríamos optar por prescindir: se llaman nóminas, subsidios, propiedades poco necesarias (por ser fino) o aquellas que asumimos que lo son un poco más aunque suene como así de mentirijillas también, igual que esa indignación nuestra. Hay otros paraguas de esos con los que contamos a los que nos es más jorobado renunciar, porque están y punto, sin depender mucho de nuestros esfuerzos y a lo sumo que podríamos aspirar es a romperle alguna varilla: son la familia (padre, madre, hermanos, hijos, nietos, biznietos, tíos, primos, cuñados, yernos, nueras… casi infinitos), los amigos, algunos amigos de los amigos… Y al final restan esos otros paraguas imposibles de prestar o regalar, excepto en virtud de una lobotomía: los estudios, la cultura, la educación recibida, el bagaje personal que se llama y que nos acompaña sin quererlo un segundo sí y otro también. Con tanto paraguas que tengo la verdad es que me resulta ‘tirao’ ser un indignado bajo la lluvia. Algo así como sufrir por otros, pero no con otros, que es un buen paso, a veces excelente y siempre necesario, pero si nunca pierdo de vista que, en el fondo, cuento con paraguas. Con un armario. Sigue leyendo