Acerca de Rafa Poverello

Más allá de la falsedad del nombre, pues no soy pobre ni aunque quisiera en virtud del bagaje socio-cultural del que me es imposible escabullirme, mi espíritu anda de su lado, no porque sean buenos, sino porque se les trata injustamente.

No hay luz para los pobres

     Concluir que los pobres son, vete tu a saber por qué divina gracia, personas excelentes, solidarias en extremo y que incluso mean colonia es tan absurdo como definir a todos los ricos como seres míseros y despreciables que sólo son aptos para orinar veneno. Entre los pobres hay de todo, como en botica: colonia y veneno. Hay que admitir, no obstante, aun por mera cuestión empática, que al propio carácter, más execrable y chirriante en unos seres que en otros, se une en el caso de los pobres el realismo percutor de su vida, su ausencia de recursos, que cargados a la espalda como una pesimista amenaza día sí día también los elevan con relativa docilidad a la categoría de comprensibles indignos.
Recurriendo a Rodion y Estephania, el matrimonio campesino amable pero realista que nos presenta Chéjov en su cuento ‘Muzhiks’, no hay que darle muchas más vueltas: “vivimos en la miseria. Siempre angustiados (…). Luego, nuestra pobreza nos hace pecar… Reñimos, juramos… (…) No, querida señora, nosotros, los campesinos, no seremos felices ni en este mundo ni en el otro. Toda la felicidad es para los ricos…”.
El derecho, lo justo, aquello que defender no son los pobres, sino su causa, pues en muchas ocasiones, como individuos, no hay ni por donde pillarlos.

Mañana cálida de otoño. Un rostro calé, afable, arado de arrugas atraviesa la puerta de la oficina de Cáritas. Nos reconocemos -ya ha pasado por aquí alguna que otra vez- y su sonrisa resulta difícilmente interpretable; entre espontánea y engañosa. Manoli es una abuela todoterreno, con paga ínfima a pesar de sus desgastadas manos e hijos, nietos y nueras a cargo sin pretenderlo. La obligada rendición familiar al paro sin derecho a desempleo. Echa el cerrojo y se sienta.
– ¡Ay, padre mío, que me cortan la luz! Aquí traigo la carta de corte, pa’ la semana que viene… ¡y en Navidad que estamos! Sabéis que cuando vengo es porque ya no puedo más -esta última frase, entrañable y amasadora de conciencias donde las haya, es la concluyente en el 80% de la dialéctica perpetrada por cada una de las familias, de rostros más o menos afables, que nos interpelan cada semana. Manoli, mujer más de discursos que de diatribas, nos observa, espera un algo, con esa sonrisa no se sabe si cínica o natural.
– Seguís igual, ¿no? ¿Cómo os apañáis? ¿Hace mucho que no vais a las asistentas? -yo, trabajador social, hace años que desistí en mi empeño de explicar y llamar a las cosas por su nombre. Hago a cada oportunidad varios intentos, fallidos casi siempre, claro: “Asistentas no, trabajadoras, trabajadoras sociales”. “¿Mande?”. Total:
– Que si hace mucho que no vais a las asistentas -reitero.
– Tengo cita, pero es que te la dan para dos meses, ¡como hay tanta gente! Y luego dicen que no te ayudan porque no hay dinero.
Sea por cinismo o por naturalidad Manoli se nos muestra triste de verdad, sin comprender.

     Tampoco yo entiendo mucho. Debo de estar espeso, como se me hace la conciencia. Recapitulo. El Ayuntamiento ha destinado este año 40.000 euros más a la instalación del alumbrado, que cuenta con 1.123.000 bombillas, un 27% más que el año pasado, aunque desde la Delegación de Infraestructuras, insistan en que al ser de bajo consumo el gasto será menor. Aceptamos barco como animal acuático, porque 40.000 euros son un montón de billetes, por mucho ahorro del carajo que digan decir. Mientras, como desequilibrada contraparte, en la oficina de Cáritas se agolpan cada semana decenas de familias a las que se les agota el plazo para pagar el recibo de la luz. A algunas ya les cortaron el suministro. Mucha de esta pobre gente de barriadas periféricas sin derecho a alumbrado navideño -como Manoli- vienen derivadas, u obligadas por la fuerza que ahorca, de los Servicios Sociales Municipales quienes pregonan a toque de trompeta que no tienen presupuesto -el para esto lo obvian-. Digo yo que, en lugar de a Cáritas Parroquial, cuyos ingresos provenientes de donaciones particulares son infinitamente menores que los del Consistorio, las deriven al Bulevar; debajo de la ingente cantidad de bombillas acumuladas por metro cuadrado se ve que lo flipas.
Cristalino, “se volverán a repartir todo entre los curas, los gringos y los ricos, y nada para los pobres, por supuesto, porque ésos estarán siempre tan jodidos que el día en que la mierda tenga algún valor los pobres nacerán sin culo”*.

Miro a Manoli, con ternura, y cuando ya se me está cayendo a trocitos el alma a los pies surge de su boca la frase lapidaria de esos pobres de indignidad espontánea que nada oculta aunque debiera. De esos pobres cuya causa es la justa y la lógica, no sus actitudes y decisiones.
– Y claro, es que el poco dinero que tengo lo estoy ahorrando para la nochebuena.
Ahora mi mirada risueña se dirige a Cristóbal, compañero de fatigas al lado del ordenador. Sonreímos. Manoli también en indeseada complicidad.
– ¿Y eso? ¿Prefieres que te corten la luz ahora y cenar bien dentro de dos semanas?
Manoli se encoge de hombros, como sin entender la relación entre una cosa y la otra. Se lo explicamos, como al sordo que tiene la idea clara en la mente y no hay quien lo saque de ahí.
– Pues comer vas a comer de lujo, -le digo meneando la cabeza-, pero creo que deberías ir preparando velas.

Ese día llego tarde a casa. No enciendo la luz del portal por una de mis metódicas manías puede que absurdas. Los mininos maúllan hambrientos al verme aparecer tras la puerta. Los acaricio mientras le doy al interruptor de la luz de la entrada. Una bombilla ilumina la estancia. Pienso en Manoli, y en los pobres de causas justas. Hacer lo que consideras correcto no implica necesariamente que te vayas a sentir bien.
Me queda un nada fútil consuelo: Manoli y yo sabemos que, de las dos opciones a elegir, la comida para la cena de nochebuena es la única que no se puede enganchar de la calle.

* ‘El otoño del patriarca’, Gabriel García Márquez

Fotografía: Alumbrando la esperanza, por cortesía de Víctor Nuño

¡¡FELIZ NAVIDAD!!

¿Qué va a ser lo más importante para ti este año como vacuna contra la crisis? ¿Vivir y compartir con otr@s lo que eres y tienes como George o ser otro de tantos Sr. Potter?

     «Nadie es un fracasado si tiene amigos».

Suenan unas campanas. Consigue tus alas, ante el desánimo regala/comparte un paraguas.

     ¡¡FELIZ NAVIDAD!!
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=hNCb6pMMd0o]

Santos y comunistas

Desear que el futuro haga realidad el más agorero de los pronósticos con el único fin de atesorar la razón -o al menos justificar que va de nuestra mano incluso sin tenerla- es uno de los sentimientos más abstrusos del que hacer gloria como seres humanos. Siguiendo este principio podríamos decir que la situación actual de debacle económica ha hecho mucho bien a quienes deseaban que sus principios fueran valorados y sus fundamentos ideológicos elevados a los altares del desahogo moral aun en base a un limosneo desagradable y hasta repleto de astucia y marketing empresarial que en nada tienen que ver con el óbolo solidario y digno de cualquier viuda. Los 20 millones de euros de Amancio Ortega* tienen para mí idéntico valor al del estiércol comparados con la contribución desprendida y generosa de Paquita, una viuda del barrio que
cuando hay colecta para los pobres se rasca el bolsillo como si le fuera la vida en ello. Imagen y semejanza de una sociedad santa e injusta; lo dijo Helder Cámara: “cuando alimenté a los pobres me llamaron santo; pero cuando pregunté por qué hay gente pobre me llamaron comunista”.

Era una tarde luminosa y apacible, todavía no había entrado este frío polar que te encoge las partes nobles. Bicicleta, aire fresco y reunión nada halagüeña de varios compañeros con la Junta Directiva del Banco de Alimentos en su sede social. Sillas alrededor de una mesa, rostros afables y sonrientes al acecho del deber que ha de cumplirse, presentaciones y sin previo aviso se lanzó la involuntaria primera pedrada:
– Teníamos ganas hace años de que funcionará una Cáritas en un barrio tan pobre como las Margaritas -que soltó con santa complacencia cual perla razonada uno de los miembros más venerables de la Junta. Ahí sí se me encogieron las pelotas. Desaparecieron diría.

Levanté mi mano comunista varias veces, con la prudencia aprehendida de que un dedo en alto anima a hincharse y reventar por dentro, mas a ser comedido en las formas. Amenazaron mi intento de nirvana varios improperios más -al menos así me lo parecieron a mí- lo que me ayudó a abstraerme y a buscar la iluminación bajo el sicómoro de las luces de neón apostadas en el techo del despacho.

Helder Camara, 1974

Quince años llevo en la Cáritas Parroquial de Margaritas, inserto a veces más y a veces menos en medio de la barriada de Las Moreras, tercera o cuarta zona -según se mire- en índice de pobreza y riesgo de exclusión social de Córdoba capital. La crisis ésta que la llaman algunos que saben aparcó allí mucho antes de que le pusieran nombre las gentes que no la sufren, en el preciso
instante en el que se construyeron hace lustros las casitas portátiles y apelotonaron en ese descampado barrizal de las afueras -léase gueto- a los desposeídos, que como no tenían nada, de nada habrían de quejarse. Se instalaron también al tiempo la droga, el desempleo, la cárcel, la violencia de género, el absentismo escolar… el SIDA que no todos los peregrinos trajeron
necesariamente en sus maletas. Juntos y revueltos hicieron que el aparcamiento reservado a la crisis dispusiera de vado permanente. Con mayor o menor enjundia, pero permanente.

Con el envejecido paso del tiempo desaparecieron las portátiles, llegaron las viviendas sociales, las faltas de pago que nunca exigieron cumplir y con dichas faltas las cartas de invitación al desahucio para a quienes en el presente les es imposible pagar lo que no se les exigió en el pasado. Llegaron proyectos sociales, de promoción, de educación social y cultural cuasi imposibles: Centro de promoción de la mujer, Sala de lectura, negar ayudas, quid por quos. Esforzados intentos a pesar de estar mediatizados por nuestras incoherencias y faltas de lógica. Pero la mal llamada crisis cada vez cuenta con más vados permanentes y con más enjundia. A los desposeídos crónicos se unió la clase media trabajadora, esos que nunca lo habían pasado mal y lloran ahora impotentes y gélidos tras cruzar la puerta falsamente esperanzadora de la oficina de Cáritas. No se ha de ofrecer lo que no se puede dar: un trabajo que decida el destino. Recibos de luz, de agua, formación, búsqueda de recursos… ‘Parcheos’, putos ‘parcheos’ ante lo que desborda.

Tras este trasiego histórico como de flash fotográfico salí del letargo, volví al presente y al sonrosado rostro benevolente que me observaba. Esto es lo bueno que tiene la vida, no importan las arrugas que la edad haya marcado en tu frente, cuando piensas que ya lo has escuchado todo surge un alguien que supera todas las expectativas. Ni justicia social, ni pobreza, ni proyectos, ni
desarrollo, ni memeces, en Cáritas no habíamos hecho nunca ni el huevo porque nos habíamos negado categóricamente -en base a unos principios tan estrictos y razonados como los constitucionales- a repartir asistencialismo institucionalizado. Ahí le has ‘dao’, campeón.

Me llegó el turno de palabra cuya espera me estaba reventando la barriga y los intestinos. Me expliqué sin explayarme, con toda probabilidad duró más el nirvana que la exposición consecuencial del mismo. Terminé, ya faltó de ansiedad, y mientras esperaba una nueva disertación opositora que nunca obtuve pensé en Harry Callahan: Di algo, ‘alégrame el día’.

En la bici, de camino a casa y con la insegura certeza de que habíamos cedido temporalmente parte del deber acuciados por el desastre de estos tiempos indignos, recordé la dichosa frasecita de los santos y de los comunistas, y en concreto a las vastas figuras de la santa Madre Teresa y del comunista Monseñor Romero, una beatificada por la jerarquía eclesial y el otro condenado al ostracismo como si el Jesús de Nazaret al que dicen seguir hubiera preferido en vida ser santo a comunista. Se me antojó entonces imaginar un cielo -si es que lo hubiere- dividido proporcionalmente por sectores o grupos de calidad, estilo ‘Gattaca’, ‘Un Mundo feliz’ o cualquier historia distópica que se precie, y donde sería del todo inviable entrar en contacto entre ambas facciones: por un lado los santos y por el otro los comunistas. De no hacerlo de este modo y mientras no sea considerado blasfemia pensar que es viable ser santo sin ser comunista o ser comunista sin ser santo, aun después de muertos y resucitados se iban a repartir entre todos más hostias que en la Catedral en un día de oficio, y tal acto de violencia inusitada no estaría bonito en tan incólume lugar.

¿Por qué hay pobres? ¿Por qué leches hay tanto pobre cuando se produce de sobra para todos? Será culpa de Cáritas de las Margaritas que se niega a repartir alimentos. Fijo. Como que hay Dios.

* «Amancio Ortega da 20 millones a Cáritas en la mayor donación privada a la ONG» (El País, 25 de octubre de 2102, http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/10/25/actualidad/1351191151_730538.html). Para quiénes estén interesad@s en descubrir varios de los medios con los que cuenta el grupo que lidera el empresario leonés para obtener tan pingües beneficios basta teclear en el buscador: Inditex denuncias (discriminación laboral por sexos, condiciones de semiesclavitud en subcontratas…) o recurrir a un blog dedicado exclusivamente a recoger datos y colgar vídeos al respecto:  http://inditex-grupo.blogspot.com.es/

Fotografía: “Sufrimiento”, por cortesía de Víctor Nuño (www.victornuno.com)

Mahmud Darwish

MahmoudDarwish

Darwish en Belén (2006)

Mahmud Darwish fue considerado el poeta nacional palestino y uno de los más célebres literatos árabes contemporáneos, nacido cerca de Acre el 13 de marzo de 1941 y fallecido en Houston (Estados Unidos) el 9 de agosto de 2008. En su trabajo, Palestina se convirtió en una metáfora de la pérdida del Edén, el nacimiento y la resurrección, así como la angustia por el despojo y el exilio.
 
Entre 1961 y 1970 fue arrestado en numerosas ocasiones por las autoridades israelíes a causa de sus escritos y de su actividad política contra lo que en la práctica supone la ocupación de Palestina. Finalmente, salió del país hacia Moscú, desde donde iría a El Cairo primero y luego a Beirut. Allí ingresaría en la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), trabajando en sus secciones de investigación y publicaciones. Darwish fue miembro del comité ejecutivo de la OLP (se le consideraba internacionalmente el «ministro de Cultura» de un futuro Estado palestino) hasta su dimisión a raíz de su discrepancia con los Acuerdos de Oslo (1993). Un texto suyo se convirtió en la declaración de independencia del Estado de Palestina proclamada por Yasser Arafat en 1988.

Igualmente, su testimonio como víctima lúcida de los conflictos de nuestro tiempo ha sido recogido por Jean-Luc Godard en el film Notre musique (2004).

LA NIÑA / EL GRITO

En la playa hay una niña, la niña tiene familia
Y la familia una casa.
La casa tiene dos ventanas y una puerta…
En el mar, un acorazado se divierte cazando a los que caminan
Por la playa: cuatro, cinco, siete
Caen sobre la arena. La niña se salva por poco,
Gracias a una mano de niebla,
Una mano no divina que la ayuda. Grita: ¡Padre!
¡Padre! Levántate, regresemos: el mar no es como nosotros.
El padre, amortajado sobre su sombra, a merced de lo invisible,
No responde.
Sangre en las palmeras, sangre en las nubes.
La lleva en volandas la voz más alta y más lejana de
La playa. Grita en la noche desierta.
No hay eco en el eco.
Convierte el grito eterno en noticia
Rápida que deja de ser noticia cuando
Los aviones regresan para bombardear una casa
Con dos ventanas y una puerta.

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