Acerca de Rafa Poverello

Más allá de la falsedad del nombre, pues no soy pobre ni aunque quisiera en virtud del bagaje socio-cultural del que me es imposible escabullirme, mi espíritu anda de su lado, no porque sean buenos, sino porque se les trata injustamente.

Progenie

No todos los días se levanta uno con la mente adiestrada y bien dispuesta para indignarse. A veces complace al ánimo disfrutar con sencillez y gratitud exclusiva del momento presente sin más jeringonzas y no descubrir, como un esquizofrénico, injusticias y burradas estratosféricas en cada situación que se te pone delante o en cada conversación distendida, plácida y trivial. Y entonces, en medio de esa vacuidad supuestamente estéril se prende la mecha, sin querer, igual que un inconsciente pirómano que acaba casi por prenderse a sí mismo a lo bonzo de tanta inflamación ígnea.

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Progeny by 3mmI

Pocos eventos pueden resultar más dichosos para el género humano que un nacimiento. Miel sobre hojuelas si además los esfuerzos de la pareja para llegar a buen término han sido tan arduos como los doce trabajos de Hércules. Pero allí, en la blancuzca habitación del ala de maternidad logró al final aparecer la criatura, tumbadita en la cuna, perdida dentro de un pelele varias tallas superior gentileza del hospital y durmiendo colorada como un pérsimo a su día y cuarto de vida. Dicen que el niño es guapo, aunque a mí honestamente no existe un instante más obvio que éste para jurar sobre la Biblia, el Corán o mi guitarra electro-española, que provenimos del mono, pero directamente, sin teorías de evolución ni nada, a pelo. La parturienta está en el baño y traspasa la puerta a paso de tortuga raquítica. Besos a la pareja, enhorabuenas y congratulaciones variadas “Por fin, con lo que os ha costado”, más besos y emociones incontenibles, y las consabidas preguntas de rigor a las que responden con gratitud cual si fuera la primera vez que se las hace alguien. “¿Qué tal el parto?” “Bien, pero con algunas dificultades al ser ya más mayor” “¿Sí? Vaya” “Como tengo la columna muy desviada no me pinchaban la epidural” Lo típico, explicando incluso con primorosa pulcritud, por escabroso que pudiera resultar para un lego, los más nimios detalles de la cesárea. Es lo que tiene dedicarse al gremio y que encima tu cónyuge sea D.U.E..      No sé cómo saltó la liebre, pero la altura del brinco hubiera sido la envidia de un traceurs cuando escucho comentar:
– Y con la preocupación de que el nene no naciera antes de que nos casáramos para evitar el lío de papeleos.
¿Papeleos? Inculto de mí no tenía la más remota idea de a qué se estaban refiriendo. Cara de póquer de ases y deseando resolver la duda.
– Pero, ¿y si hubierais sido pareja de hecho?
Mi amiga pone cara de repóquer y resopla como un ciervo en época de berrea.
– No sirve; hubiéramos tenido que tramitar adopción, hacer pruebas… Vamos, un follón.
– Pero si hay gente que ha tenido nenes como pareja de hecho y sólo han tenido que ir los dos juntos a inscribirles en el registro-insisto en la idea, como si fuera tontito, porque me resulta imposible entender nada.
Entonces, en ese instante mágico, surge la palabra común y nada inverosímil que convierte todo el disfrute situacional en indignada realidad.
– Claro, porque seguro que era una pareja HETEROSEXUAL.

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Yuyutsu RD Sharma

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Yuyutsu Sharma

Cosas más importantes que el inexistente Yeti o los sherpas, quienes sin apoyo de  oxígeno artificial suben una y otra vez al Everest, podemos hallar cerca de la cordillera de los Himalayas. Se llama poesía, y en mi incultura supina, hube de esperar a que hace cinco años el festival internacional Cosmopoética invitara al más ínclito poeta del sur de Asia, el nepalí Yuyutsu Sharma, para conocer de esas beldades.

Su poemario recopilatorio Poemas de los Himalayas, en una delicada edición bilingüe, me lo embebí como el perdido en el desierto que encuentra un oasis. Extraño, por momentos obscuro, pero repleto de una sensibilidad exquisita que hace gala de sus raíces, sus poemas son pequeños fragmentos de vida: nos hablan de paisajes, animales, naturaleza en suma, donde lo cotidiano se transforma en un lugar donde se hace presente lo espiritual y lo irrepetible.
Pero lo que poderosamente llama la atención en sus versos es esa compasión budista con un particular aprecio hacia las clases más desfavorecidas y débiles de su país de origen, con especial predilección hacia las mujeres.

«La poesía en nuestra cultura tiene una larga tradición. La poesía es el ritual, el juego que tú vives o desempeñas en la vida. No son sólo palabras sino una forma de vivir. Desde tiempos inmemoriales tenemos una larga tradición. Cada momento de lo cotidiano está lleno de poesía para nosotros. Así pues, la poesía es una forma de estar en la vida. No es sólo una cosa académica», decía el propio Sharma en una brevísima entrevista concedida durante la inauguración del festival. «En Nepal tenemos terribles turbulencias políticas y en el subcontinente indio. La poesía tiene un importante rol que define la identidad de la tradición en nuestro país. En Nepal no existiríamos sin poesía».

El mundo no existiría sin poesía.
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La vaca que ríe

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Cows in the Creek by postapocalypsia

Un día aleatorio a la hora del almuerzo, delante de la televisión como cualquier familia que se precie engullendo todo tipo de viandas mientras aguardamos el comienzo de los desinformativos. En la espera decenas de anuncios asaltan nuestras pupilas como si se trataran de las murallas de Troya tratando de convencernos de la felicidad inaudita que proporcionará a nuestra vida tal o cual cosmético, coche, videoconsola o la madre que los trajo. Y sumergida en medio de esa casposa invitación a una exultante dicha salta tipo resorte un nuevo reclamo en el que aparecen unos verdes pastos, tan verdes que seguro que han sido retocados por ordenador, de los que nuestra vista a lo lejos no encuentra su fin en virtud de su dilatada extensión. Casi invisibles, debido a lo infinito de los espacios abiertos donde pacen junto a sus terneros, se muestran varias cabezas de bovino que se diría son la envidia de cualquier familia de clase media-baja confinada en un piso de 40m². Agitan la cabeza encornada y se relamen de gusto, y si les das la oportunidad hasta son capaces de acercarse a la cámara y danzar de tanto contento entrecruzando sus patas de tal forma y estilo que parecen haber enseñado a bailar al mismísimo Fred Staire. En un logo sonríen, con la rugosa y áspera lengua aposentada dentro de sus gruesos labios y con sendos pendientes colgando de sus perforadas orejas: la vaca que ríe. Joder, que la familia que ve el puñetero anuncio también comparte la felicidad, sobre todo los niños del matrimonio que señalan con sus diminutos deditos a la pantalla LED descubriendo que los animales viven mejor que Dios y sin necesitar para ello ni cosméticos, ni coches, ni videoconsolas.

Afirmaba Leonardo da Vinci, vegetariano de convicción, que “si una persona es cruel con un animal, se considera crueldad, pero cuando muchas personas son crueles con los animales, especialmente en nombre del comercio, la crueldad se acepta y, una vez que hay dinero de por medio, será defendida por personas normalmente inteligentes». Nadie desea sentirse cómplice con el maltrato animal y la pregunta que me surge espontánea en la boca tras los primaverales anuncios de productos lácteos es simple: las empresas lecheras y ganaderas, como otras de similar género que comercian con otras especies, deben de saber que algo no están haciendo del todo bien, pues si no ¿por qué ven necesario ocultarlo? La verdad es otra, menos dúctil, basta pasarse por una granja de explotación intensiva, habituales en nuestro país.

Lo primero que habría que recordar y que bien saben nuestros ganaderos, cansados de tirar toneladas de litros de leche por el bajo precio de venta, es que la leche que consumimos, gracias a la normativa europea, no es de esos verdes prados gallegos, asturianos o cántabros, sino que un porcentaje nada desdeñable procede de Países Bajos, Bélgica y otros países productores, aunque aquí haya a espuertas. Lo segundo, y no menos importante en orden de prioridad es que el ganado bovino tradicional no puede agitar los cuernos con felicidad, simple y llanamente porque su situación de hacinamiento en la estabulación es tal que les son amputados para que no se hieran entre ellos. Lo de bailar ya es otro cantar, pues al tener tan poco espacio para moverse, lo que les impide en ocasiones incluso levantarse, se les suelen producir úlceras y heridas en las patas, y en lo referente a pastar en paz como una Happy Family la cosa se pone cruda cuando el ternero le es retirado al nacer de manera inmediata para ser criado generalmente para el consumo de carne. Estas madres separadas del traumatizado lactante no se ríen, se descojonan. Las risas son tan fuertes que cuentan los que de esto saben que a veces sus mugidos de tristeza reclamando a la cría pueden oírse durante largas jornadas.

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Resulta obvio que a un productor de leche le chirría gratamente en sus intereses comerciales eso de poner una imagen publicitaria de vacas estabuladas, sin poder moverse, con heridas, los cuernos cercenados, sin terneritos a los que dar mimos y que con bastante probabilidad no han visto un prado en toda su vida, por lo que es mucho más apacible la incoherencia irreverente a la que todos somos invitados a ser partícipes desde el salón de nuestro dulce hogar. Lo triste es que en la producción ecológica algunos de estos aspectos poco tragables como la separación de la cría y el sacrificio final de los animales felices para su consumo no está prohibido mientras vivan como reyes y reinas. Eso dicen los defensores del toro de lidia, que vive de puta madre.

Por mi parte, un triste, metódico, aunque no autocomplaciente ovo-lacto-vegetariano ecológico reflexiona hasta qué punto su consumo de leche y derivados colabora en estas barbaridades socialmente asumidas, y por si acaso busca a marchas forzadas una alternativa a la necesaria ingestión de Vitamina B12, no vaya a ser que para la próxima entrada de blog ya esté hartamente convencido de su complicidad. O es que «porque el corazón late bajo una cubierta de pelo, piel, plumas, o alas, ¿es, por esta razón, que no debe ser tomado en cuenta?» (Jean Paul Richter).

https://www.youtube.com/watch?v=viqan2U8nOg

«Las brujas de Salem» (1953)

Arthur Miller by gabrio76

Arthur Miller by gabrio76

Siento náuseas escuchando decir al Sr. Montoro (disculpen lo de señor) en referencia a Carlos Monedero que todos tenemos los mismos derechos, libertades y obligaciones. Pero náuseas, náuseas, de las de verdad. Voy a grabarme esa frase suya de que «hay que cumplir con las obligaciones de la ley como todo el mundo en este país, que para eso somos una democracia y un Estado de derecho consolidado», para ponérmela cada vez que me siente mal una comida y necesite vomitar. Mientras recordaré que la abogacía del Estado ese de derechos y obligaciones para todos no imputó a la infanta Cristina (la pobre).

El caso es que en esta caza de brujas a Podemos, que debe darle más miedo a los de arriba (por el momento a Dios gracias) que las propias meigas, me tuve que acordar indefectiblemente de la otra caza gorda de hace poco más de medio siglo y que se produjo a manos del senador McCarthy en otra de las más lúcidas democracias occidentales que se conocen: EE.UU., por supuesto.

No voy a contar, porque seguramente es de todos conocido -aparte de que estuvo casado con Marilyn- que toda la vida y obra de este genio que fue Arthur Miller está atravesada de parte a parte por el activismo social y político a favor de los derechos fundamentales y la crítica feroz al conservadurismo y la falsa moralidad, pero el ejemplo clásico a esta verdad de Perogrullo es «Las brujas de Salem», obra adaptada por él mismo para el guión del filme «El crisol» (1997), que salva de la quema el todoterreno Day-Lewis y una buena panda de actores y actrices.
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