Acerca de Rafa Poverello

Más allá de la falsedad del nombre, pues no soy pobre ni aunque quisiera en virtud del bagaje socio-cultural del que me es imposible escabullirme, mi espíritu anda de su lado, no porque sean buenos, sino porque se les trata injustamente.

«Retratos de familia» (2013)

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Cartel promocional original

    “Retratos de familia”, el primer largometraje del singapurense Anthony Chen, es uno de esos filmes que solemos llamar -de manera un tanto obtusa y casi despectiva- pequeño y falto de pretensiones. Decimos también que en eso radica su grandeza. En realidad, la grandeza infinita de Ilo Ilo reside en que es tan inmenso y sencillo porque sus protagonistas son inmensos y sencillos, así como cualquiera de las familias que nos rodean y a las que amamos, sufrimos o compadecemos, con su infinita gama de defectos y virtudes, y porque la historia que narra sucede cada día a nuestro lado, nos demos o no cuenta.

    No es una necedad hablar de lo común, el cine de japón lo ha hecho de siempre como nadie, y de sus orígenes bebe Chen, mostrándonos a un padre en paro, una madre con un trabajo precario encargado precisamente de los despidos en su empresa, un niño difícil por el mero hecho de que nunca están con él y necesita atención… y una empleada de hogar, inmigrante, que cobra cuatro dólares singapurenses mal contados, con un sólo día de descanso al mes y que ni puede llamar por teléfono desde la casa de sus señores. Sigue leyendo

«Ángeles con alas de barro»

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Un ángel caído, de Giambattista Tiepolo, cerca de 1752

    José Luis tiene esa edad indeterminada de la persona adicta con dientes cariados, delgadez famélica de pómulos hundidos e indómito nerviosismo. No lo dice, pero entre dentro de los planes menos dúctiles que tenga VIH; todos sus amigos del barrio o han muerto de un mal pico o como consecuencia del «bicho». En los últimos quince años lleva tanto tiempo entrando y saliendo del trullo que sus pies se saben el camino de memoria. Metadona de 25 mg, algún que otro canuto y un par de birras cuando se encarta, pero según su proceso mental lleva un año sin meterse nada, algo que, en un barrio como el que habita, supone tanta fuerza de voluntad como la de un mal obispo en la santa obligación de perdonar las culpas a un apóstata.

    Llegó a la oficina acompañado por su madre, una mujer de edad aún más indeterminada en virtud de las malas noches, días y hasta segundos, pero que no pierde la esperanza en la reconciliación por más que su cara sea una oda a la increencia. «Nesesito hasé argo, no pueo está tor día en el barrio sin hasé ná. De lo que sea; me gusta la jardinería, pero pueo hasé de to«, dice José Luis, y la madre lo observa con tristeza ignota y lo escucha maldecir casi sin querer a su padre, que nunca lo ha querido, y ella no lo afirma, pero tampoco lo niega, lo que suele ser otorgarle un espacio infinito a la verdad.

    Quedé con él otro día, tras algunas gestiones con unas personas la mar de sensibles que llevaban un huerto tradicional, le di diez euros para un bonobús, indicándole que iban a recogerle en una parada a las afueras y que demostrara al mundo que podía confiar en él. Su felicidad era directamente proporcional a su falta de voluntad, tan común en las personas resistentes al cambio o con demasiadas cargas sociales a cuestas. Ni qué decir tiene que no fue al huerto, que tuve que localizar a la madre para tratar de seguir deshaciendo el entuerto -nada debe darse por perdido- y que aún confío en que venga otro día a la oficina, a pedir disculpas, devolverme los diez euros cuando cobre su mísera paga o traerme el tique de haber comprado el bonobús y que decida ir de voluntario a un sitio mejor que el que lo rodea.

    Soy un iluso, es probable, pero no necesitan confianza las personas con una sana autoestima, sino los tirados de la vida, los que nunca tuvieron esa experiencia. No todos los ángeles nacieron con idénticas alas.

    Esta primera versión en directo del tema «Ángeles con alas de barro» (2002) es, curiosamente, de un concierto en la Comunidad Terapéutica de personas en rehabilitación con las que compartí vida y aprendí a vivirla durante varios años.

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