Carta de una sobreviviente de violencia machista

Los nombres, fechas y datos personales y familiares de la carta han sido cambiados por seguridad y para proteger la intimidad de la mujer.

Todo empieza sin darte cuenta.

Lo conoces, crees que has encontrado tu media naranja, el príncipe de los cuentos que leías cuando eras pequeña.

En ese momento de mi vida yo era pequeña, muy pequeña, sensible y muy vulnerable.

Y así empezó todo.

Muy joven, recién separada, con una niña muy pequeña, con muchas ganas de vivir y planteándome el cambiar de vida y de ciudad.

Pero de repente aparece en escena el hombre de mi vida, que dice venir para protegerme, cuidarme, comprenderme, ayudarme y darme todo el amor del mundo, todo el que no había recibido antes.

Así fue cómo dejé a un lado la idea de empezar de nuevo en otro lugar, entre otras cosas porque ya tenía el lugar, el lugar era él.

A continuación, sin saber por qué, llega un día en el que te cambian el nombre, ese que me pusieron mis padres cuando nací; dejas de llamarte Carmen, como te dicen en casa, para pasar a ser una tal Carmenchu, y a ti te parece maravilloso, es más, es el nombre que más te gusta, sobre todo porque solo lo utiliza él.

Pasas de estar muy sola con tu hija a tener una familia numerosa, distintos, pero los más felices. Y te lo vuelves a creer.

El tiempo pasa y te das cuenta, porque tu intuición no falla, que hay cosas que no encajan. Te quiere, pero a veces te castiga, se ausenta, se enfada por todo, y tú no sabes qué pasa; te desorientas.

Pides perdón mil veces aún sin saber qué has podido hacer mal, y unas veces te lo conceden y otras no, dependiendo casi siempre del número de veces que te rebajes y entiendas y asumas que él se comporta así por tu culpa.

Y tú sigues sin saber qué has hecho.

Después vienen las excusas: necesitaba reflexionar, estar solo en la cueva, o simplemente es que me estaba resfriando, o la responsabilidad del trabajo, o sus hijos, o su ex-mujer, y así un largo etcétera.

Y a continuación, como no podía ser de otra forma, viene el PREMIO; el premio consiste en hacerte saber que todo lo hace por nosotros, por nuestro amor, porque yo me despisto y tengo que centrarme más en nuestra relación.

Porque yo era guapa, simpática, alegre, divertida, buena, trabajadora, pero simplemente me faltaba CENTRARME.

Así pasaban los días, dándolo todo y más, priorizándolo a él, a sus hijos, a sus padres, a sus necesidades, antes que las de tu hija y las tuyas. Y te vas quedando vacía, cada vez más vacía.

Recuerdo el primer aniversario, no sabía qué día habíamos empezado a salir, sí sé que fue a finales de septiembre; en ese momento él decidió que era el 6 de octubre, el día de mi cumpleaños, así me quedé sin nombre y sin cumpleaños, porque durante los trece años que estuve con él ese día celebrábamos nuestro aniversario.

Algunas veces recordaba cómo era yo antes: divertida, alegre, sociable, familiar, rodeada de gente que me apreciaba, era una persona segura, decidida y fuerte. No quedaba ni sombre de esa persona al año de conocerlo.

Así es como te conviertes en NADA, y lo peor es que te lo crees.

Las personas que te rodean se cansan de llamar, nunca puedes verlos, todo son excusas educadas, porque si te saltas sus normas te tienes que atener a sus consecuencias, y eso te PARALIZA.

La inseguridad es ya tan grande que no sabes ni quiñen eres, pero lo peor es sentir en lo que te has convertido.

Cuando ya crees que lo tienes todo perdido, pero en tu interior sigues luchando por recuperar tu vida, salta la chispa (y fue un motivo concreto, tampoco nada exagerado, pero sí doloroso) y entonces explota.

Con todo esto a mis espaldas y con mucho miedo en el cuerpo, comienza el control de mi cuenta del banco, de mi correo electrónico, de mis claves de mi teléfono, de mis mensajes, de mi relación con mi hija, con mi familia, y me pone un localizador en emi teléfono para saber dónde estaba en cada momento.

Su versión es que esto lo hace por mi seguridad, por si me pasaba algo, con lo que cada vez que te mueves del sitio donde se supone que debes de estar, recibes una llamada, y tiemblas y te quedas paralizada.

Así llega un día que simplemente dejas de existir, ya no eres tú, porque otra persona ha cogido las riendas de tu vida, y piensa, siente, toma decisiones por ti.

A todos estos abusos, por si fueran pocos, y los que me he dejado en el tintero, porque la falta de rencor hace el olvido, hay que sumarle el sexual. De igual si te encuentras mal, si no te apetece o simplemente NO QUIERES, que lo haces, finges para que acabe rápido y no haya consecuencias. Esto sí que es lo peor, porque me sentía sucia, muy sucia.

Te conformas, porque crees que te quiere, es más, te dice que es la persona que más te quiere y te querrá, que es la que mejor te conoce , que sabe cómo sientes y piensas. NO, NO, nadie más, ni tus padres, ni tus hermanos, ni tus amigos. Sólo él es el único que sabe lo que necesitas para ser feliz.

Y tu maldita intuición vuelve a la carga, y te sigue diciendo que NO, que como tú entiendes la vida y el amor no es así, y ese desasosiego se refleja en tu organismo, y enfermas físicamente. Muchas veces he deseado que me pegara, que se viera algo, para que alguien se diera cuenta de lo que estaba pasando. Así mi hija, compañeros de trabajo, mis amigos, alguien que me hiciera reaccionar.

Pero no, no fue así. Porque este tipo de maltrato es más sutil, es un continuo CASTIGO/PREMIO, un maldito juego que te confunde, te desorienta, no sabes cómo reaccionar.

Yo que soy una chica lista hacía todo lo posible para recibir el PREMIO y así evitar el castigo; siempre sabía lo que tenía que hacer o decir, y si no lo sabía, una simple mueca de su boca me lo indicaba. Pero esto no siempre salía bien y entonces llegaba el castigo emocional.

Cuando te das cuenta de que nada está bien porque tú no lo estás, pero tampoco sabes muy bien el por qué, ya has perdido el sentido de la realidad, y no solo eso, también tu nombre, tu cumpleaños, tu familia, tus amigos y sobre todo tu DIGNIDAD, en ese momento…

Cae en tus manos el libro escrito por un amigo al que quieres mucho, y lo lees, te sorprendes, te asustas, tiemblas, te identificas de tal forma que dices «esto me está pasando a mí, y me está pasando de verdad, no son imaginaciones mías».

A partir de esa lectura empiezas a ver algo de la realidad que te envuelve y entonces decides tomar las riendas de tu vida.

En la vida te encuentras con ángeles y yo tuve la gran suerte de topármelos, y la fortaleza de pedir ayuda.

He estado muy perdida, aún lo sigo estando, pero ya desde la conciencia de que lo que he vivido es real y me ha ocurrido a mí.

Me han maltratado durante trece años y un poquito más, pero ya no más.

Lo que he vivido no se lo merece nadie.

Gracias a las personas que me han apoyado y no me han dejado.

Ahora me siento muy afortunada, agradecida a la vida, encantada conmigo misma, pero sobre todo LIBRE.

2 thoughts on “Carta de una sobreviviente de violencia machista

  1. Pues sí, me acordé de ti, porque sé que te jode también. Mañana, justamente, una amiga va a un juicio contra el ex de una amiga por violencia machista. Y con miedo encima de no poder demostrar nada 🙁 .

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