Falta de costumbre

Un respiro, que días quedan de cabreos e indignaciones, Un respiro a la pandemia con un poema, que hace tiempo no comparto ninguno.

Un respiro al ánimo, que la semana que viene comparto, quizá más que nunca mi cabreo e indignación.

Falta de costumbre

Hay gente incapaz de apreciar la algonodosa belleza
de los áureos y asalmonados bordes de las nubes
tintados por la luz que agoniza bajo el cielo atardecido.

Quien no percibe la intrépida hermosura
de las transparentes gotas de rocío desprendiéndose
por los tornasolados pétalos de flores en una mañana de otoño.

Existen personas que bostezarían al contemplar
el horizonte infinito más allá del océano,
la noche serena cuajada de rutilantes estrellas,
la puesta de sol sobre las copas de los árboles,
o la blanca perfección de los glaciares.

La culpa no es de las nubes,
ni del rocío o el mar;
y no sería oportuno recriminar
a la noche, al sol o a los glaciares
de la humana torpeza y su singular ignorancia.

Puede parecer harto improbable y hasta delirio,
pero sé que hay gente, que existen personas
incapaces de apreciarte, en ti misma
y en todo aquello inusitadamente hermoso que desprendes.
La culpa tampoco es tuya,
ni justo recriminarte
la torpeza y la ignorancia del resto de mortales.

Tal vez, simplemente,
sea falta de costumbre.

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